Al decir popular, la justicia cojea, pero llega. Después de muchos años de impunidad, el cuestionado senador liberal antioqueño Julián Bedoya Pulgarín tendrá que ponerle la cara a la justicia para responder por los delitos de falsedad en documento público y en documento privado.

La investigación adelantada en su contra está relacionada con el diploma como abogado que obtuvo de la universidad de Medellín, centro académico totalmente politizado cuyo rector y otras directivas estaban al servicio de Bedoya.

Como ha sido ampliamente difundido, Bedoya en tiempo record logró cumplir con los requisitos de grado, adelantando múltiples exámenes preparatorios en un mismo día, algo que es perfectamente imposible.

Todas las pruebas apuntan a que Bedoya, que abandonó la universidad en el año 2001 y volvió a matricularse en 2019, fue favorecido con resultados académicos falsificados. Igualmente, existen sospechas sobre la tesis de grado que presentó y sobre la que se cree fue íntegramente plagiada o, en su defecto, elaborada por un tercero al que Bedoya le habría pagado una gruesa suma de dinero para que adelantara la investigación y redacción.

En los próximos días el senador deberá rendir indagatoria ante la sala de instrucción de la corte suprema. Le será difícil convencer a la justicia, pues los hechos son incontrovertibles. Lo primero, la rapidez con la que pudo obtener su diploma y, lo segundo, las maniobras oscuras que él adelantó para que las directivas de la universidad en la que él ejerce como padrino político lo graduaran por debajo de cuerda como abogado.

Pero este asunto debe ir más allá: ¿Qué gestiones adelantó el senador Julián Bedoya para favorecer a la universidad? ¿Por qué se hizo cambiar de comisión en el Senado -antes estaba en la segunda- para quedar en la célula legislativa que atiende asuntos relacionados con la educación superior? Está claro que ese parlamentario es una suerte de hombre de los mandados de la universidad de Medellín, razón por la que el diploma hechizo de abogado que fue emitido a favor suyo fue una retribución por sus gestiones y maniobras oscuras.

Esto es mucho más que un asunto anecdótico de un fantoche iletrado que cumple su sueño de ser profesional. Julián Bedoya Pulgarín, que en su momento fue expulsado de la escuela de la policía por su participación en el robo de una pistola, es un sujeto corrupto y peligroso para la sociedad. Su lugar no puede ser el capitolio nacional, sino un establecimiento carcelario de los muchos que tiene a su disposición el INPEC.

Ojalá la corte suprema de justicia avance con celeridad e imponga las sanciones correspondientes contra ese sujeto que ha cometido muchos delitos, entre ellos las falsedades relacionadas con su supuesta profesión de abogado.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 22 de 2021