A pesar de que algunos frentes de las Farc no se van a desmovilizar, de que todavía existen el Eln y las BACRIM y de que además hay 200.000 hectáreas de coca sembradas, Juan Manuel Santos, con retórica fantasiosa, declaró que estamos en paz.  Lo único que Santos necesita para sellar su mentira, especialmente ante su audiencia favorita, la comunidad internacional, es que el 2 de octubre gane el “SÍ” en el plebiscito.

Como Santos sabe que somos millones de colombianos los que tenemos los ojos abiertos a la realidad, se ha visto en la necesidad de implementar “mecanismos alternativos” para conseguir esos votos.  Lo primero que hizo fue meterle la mano a las otras ramas del poder público para que bajaran el umbral del plebiscito del 50% al 13%, un número insignificante pero inalcanzable, para un mal acuerdo, si no se complementa con otros mecanismos.  Esos mecanismos son varios. El más importante, el no haber permitido que la campaña del “NO” obtuviera financiación estatal mientras que el gobierno no escatima en gastos provenientes del presupuesto para vender su mentira con la excusa de divulgar los acuerdos.  Otro mecanismo es el haber dispuesto del tiempo de los funcionarios estatales para que trabajen activamente en la campaña por el “SÍ”, eso sí utilizando todas las oficinas estatales como vallas publicitarias para dicho propósito.   Y finalmente, un Santos evidentemente desesperado, ha recurrido a prometerle a los electores cosas a cambio de votos.

Recientemente muchos barranquilleros quedamos boquiabiertos cuando el presidente, en un acto de entrega de 360 viviendas de interés prioritario para ahorradores, dijo: “En Barranquilla se han beneficiado mucho con nuestros proyectos. El agradecido soy yo con los barranquilleros y atlanticenses. Le pido a mi novia Barranquilla que vote por el sí al plebiscito el próximo 2 de octubre…en la vida política, el amor se expresa de la novia hacia acá con votos y de aquí hacia allá con presupuesto e inversiones.”

Amén de que pudiera haberse tipificado el delito de corrupción de sufragante (artículo 390 del Código Penal), ese discurso es una falta de respeto sin vergüenza alguna hacia el barranquillero. Juan Manuel Santos, que tiene en cuenta a Barranquilla en tiempo de carnavales, cuando hay un partido de fútbol de la selección y en épocas electorales, se descaró.  Se descaró como lo haría cualquier presidente de una república bananera donde se sienten dueños y señores de lo público.

A Juan Manuel Santos alguien le tiene que explicar que el presupuesto nacional no incluye una chequera personal a su nombre.  Que él no puede, como un vulgar extorsionista, amenazar con privar a un departamento o a un municipio de lo que legalmente le corresponde, con la disculpa de que no obtuvo los votos que exigió.

Además, no sé a qué tipo de mujeres está acostumbrado a tratar el señor presidente porque confunde la noción de novia con la de prepago, pues esta denominación se les atribuye, hasta donde yo sé, a las que a cambio de un pago o dádiva puede exigírseles algo.

A Barranquilla le digo, no te comportes como prepago si no quieres que te traten como tal. Esta semana, desde la alcaldía, no desde el Consejo Nacional Electoral, se ordenó el desmonte de la única valla por el “NO”, la única entre más de 40 que adornan la ciudad por el “SÍ”.

Finalmente, a los barranquilleros les digo, es más, les imploro, que nos hagamos respetar: tenemos que dejar de ser vistos como el fortín político de los corruptos. Voten como quieran votar, pero háganlo a conciencia, no sin antes informarse sobre la totalidad del contenido de los acuerdos, que, a mi parecer, no le ponen fin a la guerra, pero si le ponen fin a nuestra democracia.

PD:  Este 25 y 26 de septiembre muchos viajaremos desde distintas partes de Colombia a Cartagena para hacernos sentir.  El NO es enorme, contundente, argumentado y no tiene precio.

 

@ANIABELLO_R