El municipio de Barichara (Santander) tiene importancia nacional e internacional por su arquitectura colonial, andaluz, levantada sobre piedra, por no tener alteraciones mayores del trazo urbano original que data de principios del siglo XVIII. En las últimas décadas Barichara se convirtió con ocasión de su exaltación a Monumento Nacional en referente turístico, residencia de expresidentes como Belisario Betancourt (QEPD), artistas como David Manzur, y sitio de veraneo de empresarios e industriales, y epicentro de actividades culturales. 

Como nada es perfecto, Barichara tiene un problema complejo para consolidar su desarrollo turístico: falta de suministro de agua potable las 24 horas de los 7 días de la semana; esta dificultad se debe a su ubicación geográfica por estar en tierra árida lo que por naturaleza limita la producción biológica de agua.    

En el año 2011 la gobernación de Santander adjudicó licitación por valor de nueve mil millones de pesos para la construcción del acueducto de Barichara, captando aguas de la quebrada Chiviritì la cual nace en las estribaciones de la Serranía de los Yariguìes en el municipio de Galán.  

Cuando la empresa contratista inicio trabajos preparatorios para la construcción del acueducto como negociación de servidumbres, varios actores de la vida pública del municipio de Galán, entre ellos, el párroco de la época, lideraron oposición rabiosa contra la construcción del acueducto, argumentando que mientras no se tuviera contraprestación en obras de inversión para su municipio no permitirían que “sus aguas” beneficien a otro municipio.    

 Entre sermones irresponsables desde el púlpito, intereses politiqueros, oportunismos baratos de veedores y acciones judiciales, lograron que a la fecha Barichara no tenga agua. La mediación de dos gobernadores de Santander, de la Procuraduría, Defensoría del Pueblo, alcaldes, personerías, Diócesis, medios de comunicación, juntas de acción comunal, sociedad civil, no han logrado después de 7 años conseguir entendimiento de ciudadanos para que firmen autorización de servidumbres. En esencia, estamos ante un caso de pura “malparidez humana”.

Ningún poder político, judicial, social, celestial o infernal han podido doblegar la miseria humana, la envidia mezquina que crece como la maleza, aquí o en cualquier rincón del planeta, aquí pudo más la oscuridad de la condición humana que la luz de los argumentos. 

¡Maldita sea! Si por mí predio debe pasar un tubo que permite llevar agua potable para pueblo màs lindo de Colombia o para el corregimiento más humilde de Santander, que pase… ¿dónde firmo? sin contraprestación económica. Proceder de esa forma es digno de un cristiano, esencia del ser humano, solidaridad, grandeza.  

Ahora, por culpa de esa miseria humana, llevarán a la picota para decapitar a funcionarios públicos, contratistas, interventores por no haber hecho la obra en los tiempos estipulados, quedarán con fama de ladrones sin haberse robado un peso, y tal vez, presos y destituidos, y “por malparidez humana, Barichara seguirá sin agua”.

@LaureanoTirado

Publicado: enero 29 de 2019