La imagen: ver bailar a una octogenaria “los sabores del porro”, con un ritmo acompasado y un vaivén elegante en sus caderas. La interpretación: estado de fluidez en donde nada importa y se llega a lo más profundo del ser. El entorno no existe, el reloj no avanza y son estos  momentos los de mayor placer y felicidad.

No dudé en asociar las ventajas y bondades del baile en todas las edades y especialmente en el adulto mayor.El baile impacta a los neurotransmisores; aumenta la producción de endorfinas y dopamina.Estos son los mensajeros del  placer y del afecto. Se produce ocitocina, la hormona del apego y se convierte bailar en un gran instrumento de cohesión social.

Desde el punto de vista físico, vaya ejercicio aeróbico, Mejora la oxigenación cerebral, dilata nuestras arterias y mantiene las neuronas despiertas y activas. Las funciones cognitivas son estimuladas; la memoria entra a funcionar y al recordar los pasos, el ritmo y la pieza musical se abren las redes que hay entre el hipocampo -el baúl de la memoria- y el área motora. Todas las conexiones se proyectan; bailar, sin pisar la pareja, es una prueba para el cerebelo, (equilibrio), el tallo cerebral (las conexiones ascendentes)  y los impulsos que desde la corteza motora bajan a los órganos efectores que ejecutan el baile (medula espinal). Recreación e inclusión  proporciona el baile a los practicantes.  Las neuronas en espejo, responsables de la empatía y del ser social, adquieren un ritmo acelerado.

Se ha demostrado en Enfermos con Parkinson que bailar lentifica los síntomas de la enfermedad y mejora la calidad de los movimientos. Población de estudio en otros países, Parkinson y tango, muestra un mejor control equilibrio y elasticidad. Debemos investigar la “porro-terapia”; anticipo resultados alentadores. La apraxia, esa incapacidad para iniciar la actividad motora, es lo que sufren estos pacientes por  tener el suiche apagado. Bailar es conectar ese cable oxidado a un interruptor de energía renovada.

El temible Alzheimer y otros estados demenciales cada vez más frecuentes en los mayores tienen en la danza su contrapeso. Mejorando la circulación, activando la memoria y  el disfrute de la felicidad que da este  ejercicio logramos  la combinación  terapéutica  perfecta.

Gratitud infinita para personas como Pablito Flórez –genuino como el casabe- y Juancho Torres   -inolvidables interpretaciones-. Más que artistas serán siempre terapeutas del alma. Sus  composiciones han escrito nuestra cultura regional, la cadena de proteínas que nos une: el DNA del folclor.

@Rembertoburgose

Publicado: marzo 15 de 2019