“La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre o una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla. El estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia. (…)” es el tenor del artículo 42 de la constitución política de Colombia. Luego, diría sin tapujos, que quienes marcharon el pasado miércoles, estaban defendiendo el modelo de familia definido en nuestro ordenamiento superior.

Ese peso y contrapeso, que se está creando, entre sectores del liberalismo progresista y la iglesia, resultan necesarios para que los efectos de unas políticas, que impuestas a los estados ricos en biodiversidad -riqueza que se traduce en su inventario de agua y oxígeno-, no terminen derrumbando la escala de principios y valores que sociedades como la nuestra han conservado, para la defensa de la humanidad, desde el punto de vista procreativo y de preservación de la especie.

La sociedad económica del mundo está preocupada por el calentamiento global y el impacto que genera al fenómeno, el crecimiento poblacional. Para ello la medida recomendada es el control a las emisiones de CO2 a la atmósfera y a la natalidad, y ante la ausencia de voluntad, métodos y cultura reproductiva responsable, surge la promoción para la adopción de políticas públicas como la que quiso introducir en las ya conocidas cartillas, la ministra de educación Gina Parody.

El debate apenas comienza y seguramente llegaremos a acuerdos, sin negar la existencia en el derecho positivo, de un ordenamiento que debe ser observado y respetado. No se puede disminuir el nivel de la discusión al de libertinos y homofóbicos. No.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su artículo 23 establece que “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.” A su vez se reconoce en dicho pacto “el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a fundar una familia si tienen edad para ello.”

La Ley 16 de 1972 que aprueba la Convención Americana sobre Derechos Humanos “Pacto de San José de Costa Rica, firmado en San José, Costa Rica, el 22 de noviembre de 1969 consagra igual criterio: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida por la sociedad y el Estado.”

Resulta inadecuado decir a un niño o niña, que no es hombre o mujer por su circunstancia natural y que el sexo, en cuanto a la identidad de género, lo define después. Eso va en contravía a lo que se mantiene al interior del contenedor social de la conciencia colectiva colombiana. Por eso salieron a marchar muchas personas que como mi madre, tienen una concepción de vida que debemos respetar y además agradecer. Y claro, que quienes piensan de la otra manera deben ser respetados, pero ojo, que por pagar el costo de los países industrializados que están contaminando el planeta y atentan todos los días contra él, no nos pueden imponer un modelo no procreativo, porque al cabo de unos años, no encontraremos más que bosque y agua, mientras Europa y el norte crecen poblacionalmente y contaminan. No está bien que nuestra sexualidad no sea responsable y tampoco que la sociedad y la iglesia sean timoratas en cuanto al control natal y los métodos de planificación familiar. Pero el otro extremo, no es bueno. Eso de pretender imponer un comportamiento o circunstancia minoritario, determinado por la naturaleza o por factores ambientales, como regla general, solo para satisfacer la intención de hacer de esta región del planeta, un área menos poblada, puede conducirnos a la desaparición de nuestra cultura y costumbres, ya no por métodos de guerras impuestas, sino por unas nuevas teorías muy parecidas a las de la Liga Malthusiana.

La catástrofe mundial no se evitará imponiéndonos –desde afuera- modelos que eviten el crecimiento demográfico. Si bien la ecuación de Malthus, se mantiene [“la producción de alimentos crece a una razón aritmética, la población aumenta en la progresión geométrica”] no puede permitirse que además de definirnos nuestro régimen político y de administración de la tierra en favor de la seguridad alimentaria del planeta, nos digan cómo debe ser nuestra intimidad debajo de las sábanas. El agua y el oxígeno que necesitan las próximas generaciones, también es responsabilidad de los países que mantienen la loca carrera del industrialismo.

 

@AlirioMoreno