Todos los sabíamos y no necesitábamos que el Senador Macías lo dijera: el derrochón gobierno de Juan Manuel Santos no sólo raspó la olla sino que también le pasó bombril y por últimas se aseguró de que mucho de lo que entrara a esa olla quedase comprometido hacia el futuro. 

Nuestra precaria situación económica va a requerir de un apretón de cinturón, el único problema es que al cinturón del colombiano promedio se le acabaron los huecos. 

Todos sentimos en carne propia el apretón de Santos y si hay algo que añoramos es que empiecen a llegar los alivios y si queremos que esos alivios sean sostenibles y que contribuyan al crecimiento económico del país, no pueden provenir de subsidios sino de mayores y mejores oportunidades. Ahora, no estoy diciendo que los subsidios se deberían acabar de tajo, pero si éstos se empiezan a concebir como un trampolín para sacar a las personas de apuros y no como una hamaca donde se pueden recostar cómodamente por el resto de sus días, la mentalidad cambiaría de manera orgánica y estaremos frente a una sociedad que luchará por hacerse a lo suyo en vez de luchar – como hoy lo hacen – por permanecer dentro del sistema subsidiado. 

La mejor forma de crear oportunidades es que nuestro gobierno cree el mejor ambiente para la inversión y no hay nada que haga salivar más a los inversionistas que los bajos impuestos, la menor tramitología posible, la transparencia, la seguridad jurídica y la garantía de un mercado sano.  Un Estado enorme, que le está respirando en la nuca a los empresarios no es atractivo… y tampoco lo es un mercado ahogado por los impuestos. La propuesta de aumentar la base gravable del IVA además de obligar a la pujante clase media a abrirle otro hueco al cinturón también puede ser un desestímulo para los inversionistas. Me explico: cuándo una persona va a tomar la decisión de crear empresa, uno de los factores que tomará en consideración será la capacidad de gasto del ciudadano promedio, es decir de esa clase media que ya de por sí está haciendo agua. Si las personas tienen capacidad de gasto puedo asegurar que mis productos serán consumidos.

Aunque es cierto que estamos en una situación económica precaria y que todos debemos contribuir para salir adelante, ninguna medida que pueda poner en riesgo la inversión debería ser la primera en la lista. Santos se caracterizó por ser un gobernante disipador, la burocracia aumentó de manera exponencial durante su mandato, le ofreció cargos diplomáticos a sus amigos independientemente de sus capacidades de gestión y dejó a varios miembros del Congreso y de la Rama Judicial enfermos de diabetes.  Para nosotros, los colombianos promedio, sin importar la filiación política, sería de mejor recibo el ver que se están tomando unas medidas de austeridad que recorten el gasto antes de que nos vuelvan a meter las manos en los bolsillos. Nos encantaría saber que en vez de hablar de crear nuevos ministerios se hable de fusionar algunos de los ya existentes. O que se empiecen a cerrar algunas de las costosísimas misiones diplomáticas que no tienen mayor trascendencia para el país. También nos gustaría saber que se empezarán a analizar cuales entidades gubernamentales son necesarias o cuales no para cerrarlas. El apretón del cinturón debería comenzar por el Estado glotón al que en vez de tener que abrirle un hueco nuevo, se le tiene que añadir un pedazo de cuero para agrandarlo. 

Ojo: no está de más recordar que el aumento de los impuestos a la clase media no sólo sería inconveniente para la economía del país, sino que tendría un efecto político que la izquierda sabrá sacar provecho a plenitud. No estamos para dar papaya. 

@ANIABELLO_R

Publicado: noviembre 2 de 2018