Desconsolador el artículo publicado el domingo primero de agosto en El Universal, escrito por Gustavo Tatis Guerra sobre la degradación social a la que ha llegado nuestra ciudad. No tanto, aunque si también, por los sueños frustrados de crear una Venecia del Caribe y de lograr construir una ciudad ambiental y socialmente sostenible, sino por el alto grado de prostitución a los que ha llegado la juventud cartagenera de estratos medios y bajos, que son los estratos de mayoría poblacional, y a la gran indiferencia de los jóvenes de estratos altos ante tales circunstancias.

No hay diferencia alguna con lo que sucede en La Habana, donde las mujeres son las que mantienen a las familias con el degradante oficio de la prostitución. En Cuba por la falta de empleos generados por el marxismo y la acumulación de la riqueza para un grupo muy reducido. 

En Cartagena y en Colombia, porque sus líderes han permitido, al no cumplir con el contrato social, el libertinaje de dejar hacer y dejar pasar, y así compensar el no poder cumplirlo. Unos por estar precisamente atrapados en la maraña de la corrupción política, y otros en sus placeres personales: ropa de lino, zapatos caprichos, viajes al exterior, botellas de whiskey, camionetas “cuatro puertas” y varias amantes a bordo, mientras la ciudad se derrumba ante la mirada impávida de su indiferencia.

El turismo que debería ser un generador de riqueza, se convierte en un monstruo degradante, al no poder encausarlo en una política pública seria y sostenible, cayendo en el facilismo de la venta de drogas y la prostitución, porque somos ya un destino para tales cosas. Dos actividades que se le unen a la consuetudinaria pobreza extrema y el hambre, en una ciudad que paradójicamente yace montada sobre una mina de oro. 

Cartagena es la máxima expresión del capitalismo decadente mal desarrollado y el epítome de la corrupción en Colombia.

¿Qué hay que hacer ante semejante panorama?

¡Nada! mientras el crecimiento económico logrado hasta ahora no se traduzca en progreso social. Para eso deben cumplirse algunas políticas que logren satisfacer las necesidades del cartagenero: Tener buena nutrición, contar con asistencia médica  básica, contar con agua potable y alcantarillado, habitar una vivienda digna, tener seguridad, brindar acceso al conocimiento y la educación básica, acceder a la información y las comunicaciones, estar inmerso en un medio ambiente sostenible, tener acceso a los derechos humanos, tener libertad y capacidad para poder elegir libremente, ser tolerante e inclusivo, y lo que es muy importante, poder acceder a la educación técnica y superior.

Satisfacer estas necesidades básicas son los mínimos para que pueda haber progreso social, porque, aunque haya desarrollo económico no necesariamente este se traducirá en progreso social.  

@GabrielTorices

Publicado: agosto 5 de 2021