Mucha razón les cabe a quienes aseguran que uno de los grandes errores de la historia colombiana fue el haber sacado a Dios del ordenamiento nacional.

La atonía moral que padece el Estado tiene múltiples causas, siendo la ausencia de un poder superior que guíe el comportamiento de servidores y particulares.

No se trata de defender el establecimiento de un régimen confesional, pero sí de demandar la inclusión en el debate público de unos valores que sirvan de faro para los ciudadanos.

Los autores de la Constitución de 1886 acertaron al enaltecer a Dios como fuente suprema de toda autoridad. En el preámbulo de dicha Carta se lee: “En nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad, y con el fin de afianzar la unidad nacional y asegurar los bienes de la justicia, la libertad y la paz, hemos venido en decretar, como decretamos, la siguiente Constitución Política de Colombia”.

En el 91, los constituyentes optaron equivocadamente por derogar a Dios como fuente de toda autoridad y se limitaron, como quedó en el preámbulo de esa Constitución, a invocar su protección.

El señor Alejandro Gaviria se ha definido a si mismo como un ateo, llegando a extremos inauditos de cuestionar y hasta fustigar a quienes practican alguna creencia.

Históricamente, Colombia ha sido un país con profundas bases religiosas. Se respetan los distintos credos.

La encuesta que hace pocos días reveló la Revista Semana arrojó un dato que confirma lo anterior. Efectivamente, solamente el 1% de los ciudadanos votaría por un candidato ateo, mientras que el 38% expresó hacerlo por alguien que sea creyente, mientras que el 57% dice no importarle cuál sea la creencia, con lo que se concluye que lo importante es que tenga una religión sin entrar en mayores detalles.

Con todo el oportunismo, Gustavo Petro incluyó en su discurso en la ciudad de Barranquilla asuntos relacionados con el catolicismo, utilizando el nombre de Jesucristo para sus fines electoreros.

No viene al caso entrar en el debate respecto de las supuestas creencias de Petro, un sujeto por el que habla su proceder criminal y su lejanía de los valores morales.

Petro habla del Jesús de los pobres, con el sucio propósito de incluir al hijo de Dios en su macabra estimulación de la lucha de clases.

Hace bien la sociedad colombiana al querer que su gobernante sea una persona con valores religiosos, realidad que afecta a sujetos como el candidato de Juan Manuel Santos, Alejandro Gaviria y del aspirante socialcomunista Gustavo Petro que por más que intente mostrarse como católico, sus ideas y propuestas alejadas de la piedad y de los valores de esa religión, desmienten su fingida filiación.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 14 de 2021