La cancillería cubana, intentando revivir viejos laureles, emitió un comunicado en el que pretende estar recogiendo sus ganancias luego de haber lanzado, hace una semana, un órdago al presidente Duque. 

Dice Cuba que: 1) supieron de “un presunto ataque militar” del ELN). 2) Que hablaron con sus amigos de la “Delegación de Paz del ELN en La Habana” y que ellos los tranquilizaron: “no tenemos involucramiento en las decisiones militares u operaciones de la organización”. 3) Que el gobierno de Colombia recibió con displicencia la información (demoró la reunión y la información la entregó inmediatamente a los medios). 4) Que el gobierno (el Alto Comisionado para la Paz), utilizó la información para atacar a Cuba “con hostilidad”, alimentando “las diferencias” y dañando “la participación de actores internacionales en el proceso de paz”. 5) Reitera Cuba que por ningún motivo extraditará a sus aliados del ELN. Al contrario, exige garantías para “un retorno seguro”. 6) Aprovecha el comunicado para “dictarle línea” a sus amigos los comunistas de Colombia. Les dice que persistan en “la solución negociada al conflicto armado para alcanzar la paz” y que denuncien “los incumplimientos e intentos unilaterales de modificación del Acuerdo de Paz con las FARC-EP y “el creciente número de asesinatos y masacres de ex miembros de la guerrilla, líderes sociales y defensores de los derechos humanos en Colombia”.

El gobierno de Cuba se autodescribe como “paciente y prudente”. Paciente como Stalin y Hitler, es decir, taimado. Dice esperar que “prime la voluntad de paz, la cordura y la sensatez” y da a entender que esas virtudes no adornan al gobierno de Duque y sí al ELN.

Este es el balance de la confrontación que acaba de terminar:

1. Aplican las palabras de autoelogio del comunicado cubano al Presidente Duque y a su Ministra de Relaciones, porque creen que su actuación, esa sí, fue “rigurosa y discreta, apegada firmemente a los principios (…) paciente y prudente y en ella primó el interés legítimo, la libre determinación del pueblo colombiano, la cordura y la sensatez”.

2. El rifirrafe desnudó -más, si eso era posible- la condición de burdos matones y criminales de la banda a la que Cuba y la izquierda acoge como “herederos del Libertador”.

3. Los insultos, amenazas y el lenguaje soez de la banda ELN contra el presidente Biden y el ex presidente Uribe, confirmaron su condición de narcotraficantes y terroristas.

4. Si la maniobra de Cuba y el ELN pretendía crear condiciones para retirar a la banda de la lista de terroristas y a Cuba de la de países cómplices del terrorismo, el efecto que lograron fue el contrario.

6. Las fuerzas armadas de Colombia afinaron su estrategia para lograr la paz con el ELN: derrotarlos en el campo militar.

7. Si Cuba quisiera realmente ayudar, procedería sin dilaciones a conceder la extradición del comando terrorista del ELN -COCE-.

8. El episodio obligó a hablar al ELN y dejó claro que no respetan a nada ni a nadie. A la inteligencia cubana la tildaron de ingenua y manipulable por la inteligencia colombiana; reivindicaron su derecho a matar y traficar; reafirmaron su presencia armada en Venezuela.

9. El sector petrista y ‘fariano’ del senado también recibió una paliza política por parte del gobierno Duque. Roy Barreras, Benedetti, los senadores de las FARC, entre ellos Iván Cepeda y Lozada, y el ex militante del ELN, Antonio Sanguino, trataron de movilizar a la Comisión de Paz en apoyo de los intereses de Cuba y del ELN. No lograron reunir el quorum y su comunicado -a título personal- fue un lánguido canto a la amistad con Cuba y la manida repetición de buscar la “solución negociada” con la banda terrorista y narcotraficante. 

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 15 de 2021