Cuán equivocados estábamos quienes creíamos que era imposible que nuestro sistema judicial, y muy particularmente, nuestras Altas Cortes, pudieran propiciar más escándalos y degradarse más.

Sin embargo, la liberación del ex magistrado Francisco Ricaurte el pasado miércoles por vencimiento de términos, y la llamada a indagatoria al ex presidente Álvaro Uribe por parte de la Corte Suprema de Justicia (tema del cual me ocuparé en la próxima columna), nos muestra que el nivel de descomposición de esa rama es bastante más profundo y peligroso de lo que pudimos imaginar.

Si el hecho de tener un puñado de ex magistrados enfrentando la justicia por estar involucrados en casos de corrupción, por uso de su poder e influencias en la Corte Suprema de Justicia para torcer investigaciones de congresistas y gobernadores a cambio de coimas y dádivas de toda clase, era por sí, un asunto ignominioso y muy preocupante  porque empaña todos los asuntos que a lo largo de los años pasaron por sus manos y deja tendido ese oscuro manto de duda sobre los fallos proferidos, espanta también, ver cómo estos individuos están enfrentando, por no decir manoseando, sus propios juicios ante las autoridades.    

Que el proceso del ex magistrado Francisco Ricaurte, llamado a juicio por concierto para delinquir, cohecho, tráfico de influencias y uso abusivo de información privilegiada, después de que la Fiscalía le realizara la audiencia de acusación no hubiera podido arrancar en los 240 días que el sistema judicial tiene presupuestados como plazo límite para quien se encuentre privado de su libertad, es muestra de que estos individuos son intocables, que el poder que ostentan es absoluto.

Como serían de retorcidas las maniobras dilatorias en ese proceso que además de utilizar las consabidas artimañas con las que todos esos tinterillos suelen enredar los procesos, uno de sus abogados le solicitó al juez del caso, “tiempo para estudiar” porque no tenía suficiente conocimiento en temas penales. Toda una maquinación para entorpecer el caso y no permitir que este avanzara, orquestada, sin duda alguna, por el avezado togado.

No nos extrañe, entonces, que aunque que  la investigación continua y se supone que Ricaurte diligentemente asistirá a las audiencias, este más bien siga el ejemplo de su colega Bustos y emprenda las de Villadiego.

Sin embargo, el daño más grande que estas nauseabundas conductas delictivas causan, es que en un colectivo de esa naturaleza, la desconfianza lamentablemente acaba por abarcarlos a todos y así lo aniquila. Y, la devastación de una de las ramas del poder, es la ruina del sistema democrático.

Por esta razón, yo exhorto a los colombianos no solamente, a que  firmemos cuanto antes para buscar el Referendo 2019, sino también, a que ayudemos como voluntarios en la recolección de firmas. El tiempo apremia.

Nos urge una reforma a la Justicia porque esto que tenemos da ¡asco y mucho miedo!

@cdetoro

Publicado: agosto 25 de 2019