La decisión que tomó esta semana el Senado de la República de respaldar a los verdaderos héroes de la Patria votando de manera positiva el tan merecido ascenso de un importante grupo de oficiales, en especial el del General Nicacio Martínez, es un acto de gallardía política que le da confianza a la Fuerza Pública y enaltece la moral de la tropa.

Ello, en especial, porque los ascensos para las Fuerzas Militares y la Policía no son una simple condecoración más en el uniforme u otra tradicional ceremonia a la que deben asistir, sino que, por el contrario, implican un acto de honor dentro de la carrera castrense, el cual, para los más altos cargos, requiere de un visto bueno del máximo órgano de representación popular que existe en una democracia.

En efecto, el Congreso de la República, que muchas veces es tan desprestigiado, respaldó las trayectorias en sus respectivas instituciones de Generales y Almirantes que por más de 30 años le han entregado su vida a una Patria que necesita más que nunca del talante y la experiencia de los altos mandos para que con el ejemplo lideren a los miles de soldados y policías que los miran como ejemplo a seguir.

Y es que el Congreso no debía actuar de forma diferente. La situación de orden público en que Santos dejó al País es bastante complicada y las consecuencias del debilitamiento de la tropa se sienten fuertemente en las regiones que se ven azotadas por la delincuencia y el terrorismo y, para contrarrestar esa situación, se necesita de una Fuerza Pública vigorosa que cuente no solamente con el respaldo el Gobierno sino de manera amplia del legislativo.

Además, no era correcto con las Fuerzas Militares y la Policía negar los ascensos con base en reportajes periodísticos descontextualizados que desde otros países pontifican de lo divino y lo humano sin siquiera mostrar el contexto completo de las historias.

Por ejemplo, las infames acusaciones contra el General Martínez, hay que reiterar, salieron a la luz pública en un momento tan preciso que no sería descabellado pensar que hacen parte de un orquestado plan puesto en marcha por parte de los enemigos que no lo pudieron derrotar en combate y que ahora pretendían manchar su honra con falsos positivos inexistentes utilizando la pluma y el papel como armas, inclusive, más dañinas que las propias balas.

Ahora, que todo esto quedó en el pasado, es momento que el General Martínez y los demás oficiales ascendidos enfoquen sus fuerzas en ganar la batalla contra el narcotráfico, la extorsión y devolverle la seguridad y la tranquilidad a millones de compatriotas que ven en el Ejército, la Policía, la Fuerza Aérea y la Armada valerosos héroes sin los cuales este País no sería viable.

¡Adelante!

@Tatacabello

Publicado: junio 7 de 2019