Santos atenta contra la democracia al desconocer el plebiscito e imponer un acuerdo maquillado que no incluye exigencias del NO.

El presidente Santos repite la fórmula que hace pocas semanas le fracasó: firmar un acuerdo con las Farc sin que éste haya sido refrendado previamente con la ciudadanía.

Esta es como la cuarta o quinta vez que se firma el acuerdo con esa banda terrorista. Ya no se sabe exactamente qué se ha suscrito con el jefe criminal, alias Timochenko.

¿Cuántos espectáculos casi circenses no se han hecho para firmar la supuesta paz con la guerrilla? En La Habana hubo dos o tres. En Cartagena uno cuyo escenario y montaje costaron casi 5 mil millones de pesos.

Todo ese dinero hubo que tirarlo a la basura, porque el pueblo soberano el 2 de octubre le dijo NO al sainete montado por Santos y Timochenko.

El acuerdo que fue redactado durante 6 años en Cuba no fue admitido por la ciudadanía. Al haber ganado el NO en el plebiscito, dicho documento dejó de existir. Para decirlo de manera clara y contundente: esas 297 páginas se convirtieron en basura.

Correspondía hacer un nuevo acuerdo que partiera por la incorporación de los principios rectores que movieron a los electores del NO y que LOS IRREVERENTES en su momento recogieron, una vez se conoció el resultado del plebiscito (Puede leer “Las líneas rojas del NO”, “Líneas rojas sobre la reforma rural integral”, “Líneas rojas sobre la justicia especial de paz” y “Líneas rojas sobre la participación en política”).

A grandes rasgos, los colombianos votaron por el sí a la paz, pero con castigos penales efectivos contra los responsables de delitos de lesa humanidad. La mayoría de la ciudadanía votó por la paz, siempre y cuando quienes ordenaron y ejecutaron crímenes atroces no pudieran ser elegidos automáticamente.

Se votó por una paz que no reconozca al narcotráfico, germen de buena parte de los males que padece Colombia, como un crimen conexo al delito político.

Una paz que no sea edificada a través de un tribunal especial hecho a la medida de las Farc que no tendrá control alguno y que desconocerá principios elementales del derecho como la cosa juzgada.

Santos, derrotado y repudiado por la ciudadanía, en vez de comportarse como un hombre de Estado que sabe ganar, pero sobre todo asumir las derrotas, nuevamente le ha hecho trampa a los colombianos. El nuevo acuerdo es exactamente igual al anterior. Le hizo unos cambios puramente cosméticos, le incluyó ciertos asuntos menores que no tienen ninguna trascendencia, le eliminó algunos verbos y expresiones que podían incomodar a algunos sectores de los cristianos y listo. De resto, todo siguió idéntico.

Santos cree que el pueblo es idiota, que la gente no se da cuenta que él está haciendo trampa y que el nuevo acuerdo que firmará con la banda terrorista de las Farc es ilegítimo, espurio y por lo tanto más temprano que tarde se desplomará, precisamente, por la falta de respaldo popular.

El presidente, obsesionado y movido por el odio contra el expresidente Uribe, desaprovechó una oportunidad maravillosa de construir una paz nacional que involucrara a todos los sectores de la opinión. Habría sido una paz por consenso, en la que muy pocos no habrían participado de la misma.

Pero su soberbia y su talante arbitrario y sectario se impusieron. Prefirió pasarse por la faja el sentir de la mayoría ciudadana para cumplir un compromiso con la guerrilla y de paso garantizar que llegará el próximo 10 de diciembre a Oslo a reclamar su Nobel de Paz con un acuerdo bajo el brazo.

A Santos le importa un céntimo lo que suceda en Colombia después de su Nobel y de su malhadado paso por la presidencia de la República, razón por la que muy poca atención le ha prestado a la polarización que se percibe en el país y que seguramente se agudizará luego de que introduzca a las malas el acuerdo redactado y ahora maquillado en La Habana.

Dado que se ha violentado el sentir popular y que se ha pisoteado la democracia no queda otro camino que concentrar todos los esfuerzos para la campaña política de 2018 en la que se deberá hacer un balance de este gobierno y castigar con el implacable látigo de la democracia todos y cada uno de los abusos que ha cometido Juan Manuel Santos.

Recuperar el poder presidencial, fustigar a los congresistas corruptos que se vendieron por dinero público al gobierno y entregar un claro y amplio mandato popular para reversar todas las arbitrariedades que se cometan en desconocimiento del resultado plebiscitario del 2 de octubre.

El pueblo colombiano no puede permitir que quede impune este asalto a mano armada que Santos está cometiendo contra la democracia. Si no es ahora, que sea en dos años cuando la ciudadanía vuelva a dejar en claro que ningún acto de tiranía será capaz de doblegar la voluntad popular.

@IrreverentesCol