Es tradición en Colombia que el 20 de julio, día de nuestra independencia, se instale el Congreso y que el presidente de turno formalice dicha instalación con un discurso en el cual expone los logros de su gobierno durante ese año.  Normalmente es un día en el cual todos los colombianos con orgullo enarbolamos la bandera nacional en nuestros hogares y vemos por televisión la transmisión de las marchas militares y el discurso presidencial.

Los que tuvimos la oportunidad y el estómago de escuchar el discurso de Juan Manuel Santos este año, entre las imágenes de las marchas de un ejército evidentemente desmoralizado y el peor paro camionero de nuestra historia, vimos a un hombre intentando por todos los medios eludir hablar de sus logros del último año. Lo entendí: su gobierno no tiene logros para mostrar.

La economía está hecha un desastre certificado por Fitch, que rebajó la calificación de Colombia a negativo.  La trepada del dólar, debido a la disminución del precio del petróleo a nivel mundial, ha aumentado el precio de todo en este país inclusive, irónicamente, el precio de la gasolina que no encuentra techo.  El sector exportador, que se debería ver beneficiado con el precio del dólar, no reacciona, y sin ser economista deduzco que algunas de las razones son que sus costos de producción, debido a que dependen de la importación de algunas de las materias prima y a la excesiva tributación, no lo hace competitivo en el mercado extranjero. Sí existe un sector que se ha visto beneficiado con el aumento del dólar y este es el del tráfico de drogas. Con el aumento desmedido de los cultivos de cocaína y la promesa de impunidad absoluta una vez firmado los acuerdos de La Habana, los narcotraficantes están haciendo su agosto.

Lo que sucede en el sector salud también es preocupante. Si no lo creen, sintonicen cualquier noticiero en su emisión de la mañana donde le dedican mínimo media hora a historias deprimentes de como las EPS están, de manera sistemática, negando el acceso a diagnósticos y tratamientos a los enfermos.  Si sufren de depresión no les recomiendo que lo vean, porque tener que ver historia tras historia de madres suplicándole a los directivos de las EPS que tengan corazón y no dejen morir a sus hijos, puede terminar de acabar con el estado anímico de cualquiera.

En este país los niños llevan la peor parte. En La Guajira las cifras de los niños muertos por factores asociados a la desnutrición son escandalosas.  Este fenómeno, que solo pensábamos ocurría en países muy pobres y lejanos en el continente africano, sucede en Colombia. Mientras se mueren centenares de niños de hambre, Juan Manuel Santos se gasta miles de millones en asuntos tan frívolos como contratos publicitarios para lograr algo de aceptación de su proceso de paz, 25 millones de dólares en un avión para la primera dama, 600 millones en cortinas para la Casa de Nariño, etc. En malas manos vino a caer la chequera que gira contra nuestro dinero.

El paro camionero evidenció varios problemas, que se pueden resumir en que los camioneros tienen que transportar mercancías a unos precios que no son rentables para ellos porque sus costos de operación, como el valor del combustible y de los peajes, son demasiados altos en relación a la tarifa que pueden cobrar y a esto se le suman los peligros e inconvenientes que presentan nuestras arcaicas carreteras y el exceso de oferta porque no se están cumpliendo las metas de chatarrización. En Colombia es más barato transportar un container de Buenaventura a China que de Buenaventura a Bogotá.

Santos en su discurso solo pudo hablar de paz, que a él le fascina pronunciar “passssss”.  Lamentablemente, aparte de firmas y anuncios, Juan Manuel Santos no tiene nada que mostrar: los niños reclutados siguen reclutados; la extorsión continua, aunque ahora, previendo que se firma la tal paz, la están cobrando por adelantado; el narcotráfico, como ya sabemos, es el negocio del siglo; el secuestro, sea en manos del ELN o de las FARC usando el cambio de brazaletes, sigue azotando a los colombianos,  como ocurre a la familia de Odín Sánchez que está vendiendo todas sus pertenencias y haciendo rifas para recoger los 3.000 millones de pesos que exigen por su liberación.

Algo que me llamó la atención de su discurso fue que dijo que él no tiene la llave de la paz pues la paz no es suya.  Para los que hemos aprendido a leerlo, sabemos que sus asesores entendieron que el nombre de Juan Manuel Santos es un lastre para el “SÍ” del plebiscito. No se dejen engañar, pues esa misma persona que gobierna de manera autista y displicente y cuyo único verdadero propósito en la vida es verse en Estocolmo, de liqui liqui o guayabera blanca agarrado de la mano de Timochenko recibiendo el Nobel de Paz, es el único responsable de los acuerdos de estirpe comunista que pretenden hacer pasar como la paz para Colombia.

 

@ANIABELLO_R