Cuando Hugo Rafael Chávez Frías tomaba posesión de la Presidencia de la República de Venezuela, juraba delante de la que llamo la “revolucionaria Constitución Bolivariana”, que lucharía sin descanso junto al Pueblo, “para cumplir y hacer cumplir los mandatos de la Revolución Bolivariana recogida por mandato popular en la Constitución”.

Dieciséis años después, su “heredero” no solo ha desconocido la Constitución, sino que la ha sustituido, suplantado y bajo un mentiroso discurso de defenderla, tiro de lado los postulados y principios democráticos que la erigen como carta política o contrato social, hasta conducir a las mayorías del pueblo a querer defenderla y pedir su restauración jurídica.

Nicolás Maduro, no sólo pisoteo la Constitución defendida por Hugo Chávez. La está aboliendo y en su reemplazo, ha concentrado todos los poderes en su voluntad, a tal punto, que ofrece como alternativa un fusil a cada ciudadano para defender popularmente la instauración de la dictadura, anunciando tácitamente que no convocará a ningún proceso electoral y que a cambio, pretende hacer la transición de gobierno constitucional a gobierno de facto.

Tremendo peligro, para la seguridad de la región. La polarización, ya no política sino armada que propone Nicolás Maduro, no es cosa distinta a la declaración de una guerra civil. Propone que se enfrenten por la vía armada los defensores del régimen, contra los opositores, a quienes les niega el derecho a la protesta y el acceso a fusil. Quiere someter a la oposición a una masacre a manos de sus aliados populares. Juega con las emociones y el hambre del pueblo venezolano.

Por ahora países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú y Uruguay exigen al gobierno de Venezuela, garantías para la protesta pacífica de la oposición. Buen síntoma y advertencia para que Maduro entienda que la oposición a su gobierno ya no se encuentra sola y de debe obedecer a la súplica internacional de restaurar la democracia convocando a elecciones.

Suena paradójica la realidad de hoy en Venezuela, frente al discurso de posesión de Hugo Chávez hace dieciséis años: “Comienza para Venezuela un tiempo nuevo, una nueva esperanza (…) Atrás hemos dejado las tormentas, el huracán. Venezuela se levanta sobre bases nuevas”. ¿Acaso no vive hoy Venezuela unas de las peores tormentas de su historia republicana propiciada por el propio “régimen constitucional” imperante durante algo más de década y media?

Sí hubo esperanza en Venezuela con el régimen chavista, su tiempo está terminando. La revolución sólo puede hacerla un estadista, y Nicolás Maduro ha venido dando muestras de cuales cualidades carece. Las horas de Maduro en la conducción de los destinos de Venezuela parecen estar contadas. La espada de Bolívar está en manos ya no del régimen chavista. La espada de Bolívar se encuentra en pie de lucha, empuñada por la comunidad internacional que exige democracia para Venezuela. Sobre el trono de Maduro pende ahora la de Damocles.

@AlirioMoreno

Publicado: abril 18 de 2017