Buscando encontré que un stent “es un pequeño tubo de malla sintética que se expande dentro de una arteria del corazón, que a menudo se coloca durante o inmediatamente después de una angioplastia y que ayuda a impedir que la arteria se cierre de nuevo”. Me interesé porque supe que Horacio Serpa llevaba instalados varios de ellos y que se los habían colocado después de varios procedimientos para abrir sus vasos sanguíneos, que se encontraban estrechos o bloqueados, impidiéndole el suministro de sangre al corazón. Luego supe que por recomendación médica, Serpa estaría dos meses desconectado con el mundo exterior, para evitar sobresaltos, preocupaciones y lograr pronta recuperación.

No dudé en desearle a Horacio Serpa pronta mejoría. Es lo mínimo que desde el componente humano que aún nos queda de la visceral y mercantilista práctica política de Santander, puede hacerse; sin que nos cueste o se nos impida hacerlo.

Conocí personalmente a Horacio Serpa en la víspera electoral de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, llegue a él a través de Gustavo Zuleta con quien fuimos a ayudarlo por invitación de Jorge Arturo Moreno Ojeda. Hacía mi curso de político en el Concejo de Barbosa y mantenía actividad en esa zona. El discurso de Serpa me convenció, pero más me persuadía Gustavo Zuleta, mi mentor político – un médico que se atrevió a construir una clínica en Barbosa para servicio de Santander y Boyacá-, de la necesidad de acercarnos al Poder Popular y a Ernesto Samper, porque el sistema financiero nos estaba absorbiendo y nos conducía a la quiebra. La Caja Popular Cooperativa y la Capitalizadora Gran Colombiana eran nuestros dignísimos acreedores y nosotros, provincianos, ilusionados de una ayuda –rebaja de la deuda y condonación de intereses- nos metimos de lleno a la campaña. Fue la primera vez que supe que en Bucaramanga, daban plata para las campañas. Un señor Gonzalo Flórez nos llamó para que fuéramos a la capital santandereana a recibir un recado de Serpa. Viaje con la ilusión de tener el mensaje de refinanciación de la deuda, pero de regreso a Barbosa, donde Zuleta me esperaba, le conté que en un almacén de eléctricos de la carrera 16, sólo me querían para hacerme entrega de 300 mil pesos para la campaña. Finalmente, ayudamos a elegir a Serpa a la constituyente, y de todas maneras nos quebramos.

Después de muchos ires y venires, volví a encontrarme con Serpa –no lo ayudé en esa elección- como gobernador de Santander. Me metí a darme una pela, por la venta de la ESSA y aunque logré probar, junto con Oscar Josué Reyes Cárdenas –Senador de la República-, que fue Horacio Serpa, quien suscribió el entuerto de poner al Departamento de Santander como vehículo para vender las acciones de la Nación en la Electrificadora de Santander a EPM Inversiones S.A, el pleito se me embolató, Oscar terminó injustamente encarcelado y en lo personal, terminé casi que escupido –semánticamente- por Horacio Serpa, quien con su “humilde arrogancia” y su “decencia grosera” me insultó, con la excusa de hacerme repudiar del presidente Santos.

Ruego al creador que estos dos meses sirvan a Horacio Serpa para que reflexione de la necesidad de reconciliarse con Santander y con todos aquellos a quienes en su paso por la vida pública, ha querido dejar tendidos, regando su carrera de cadáveres políticos, acusado de haber utilizado para ello todos los instrumentos a su alcance. Dios y sus stens, le den y otorguen más vida, para que tenga la oportunidad de reflexionar, perdonar y que le perdonen, pues de cualquier manera se avecinan tiempos de paz cuya eficacia depende de la garantía del perdón y la reconciliación divina y profana.

@AlirioMoreno