Edgar Artunduaga quiere ser el vocero de quienes ha llamado los “matones, narcos, paras, sicarios” y cobrar caro por ello.

En 2011 en vísperas a las elecciones regionales me reuní con el periodista Edgard Artunduaga a instancia de un amigo común, para escuchar unos consejos que me quería dar, ante la férrea defensa que yo hacía del partido político que venía presidiendo -Partido de Integración Nacional, antes Convergencia Ciudadana, hoy Opción Ciudadana- .

Artunduaga en el diálogo consejero, insinuó con interrogantes, que yo estaría ganando mucho dinero por esa labor, que él admiraba, pero que veía inconveniente para la política colombiana -Artunduaga había sido moderador de un mini debate en Todelar entre León Valencia y yo, bastante fuerte-. No voy a negar, que en ese momento el rojo se me vino al rostro y rápido palidecí por la molestia; sin embargo, guarde silencio, ya conocía yo de Artunduaga y de las aguas en que solía moverse, pues me bastaron mis investigaciones académicas sobre Foncolpuertos, las que me llevaron a conocer los asuntos de Martha Catalina Daniels y enterarme de su profunda amistad con ella. Artunduaga me aconsejó renunciar de forma silenciosa y para ello me puso de ejemplo su paso por el Grupo Radial Colombiano, al que fue a parar a través de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, cadena radial a la que –según me dijo- llegó a ganar once veces más de lo que le pagaban en su anterior trabajo. Me fustigó por el respaldo al hijo del Coronel Hugo Aguilar, Richard, -candidato a la gobernación de Santander- acto que consideraba una afrenta a Horacio Serpa, quien muy probablemente nos iría a derrotar. Desde el comienzo de la charla, tuve la sensación que Artunduaga le estaba haciendo un mandado a alguien.

No dudé en afirmarle que sus apreciaciones no las creía válidas y que lo que venía haciendo en defensa del partido y de sus integrantes, lo hacía por convicción, por una causa en tránsito de abandonar personalismos, pretendiendo la construcción de un colectivo. Con decencia le agradecí sus consejos, aunque tampoco niego que me molestó cuando me dijo, que no me quedaba bien, dada las buenas referencias que mi amigo le había dado -quien me conocía desde adolescente- “estar al lado de la gente del negro Juan Carlos Martínez, de Luis Alberto Gil, de Antonio Correa, Senador del grupo de Enilse López y de Teresita García hermana del gordo García”. A los pocos días, una tarde, entrada la noche, me encontré con Artunduaga en una cafetería cerca a la sede del partido. Él, hacía cocos para ingresar a la reunión de cierre de campaña del hijo de Serpa, Horacio José; yo esperaba un taxi rumbo al apartamento de mi hermano.

En 2012, el 30 de octubre en Kienyke, en una columna que Artunduaga tituló “La Senadora Astrid Sánchez y otros HPs” se vino lanza en ristre, entre otros, contra varios congresistas del partido que ostenta la Personería Jurídica No. 171 de 1997, diciendo: [“Un malhadado día se unieron la astucia política de Luis Alberto Gil y el arrojo policial del coronel retirado Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo, el oficial que dio muerte al narcotraficante Pablo Escobar el 2 de diciembre de 1993, y esa combinación se tomó el departamento de Santander, que antes se habían tomado los guerrilleros. Gil, como senador —ahora en la cárcel por parapolítica—, y Aguilar, como gobernador, con diez investigaciones por peculado, abusó (sic) de la función pública y apoyo a las autodefensas, entre otros cargos (también en la cárcel), “pacificaron” el departamento y al parecer —es lo que indagan las autoridades— también lo saquearon. Ese matrimonio diabólico produjo otro engendro: la curul del nuevo senador Mauricio Aguilar Hurtado, hijo del policía ascendido a coronel efectivo en junio de 2006 por el presidente Uribe.”]

Y, siguió el señor Artunduaga en su histórica columna: [“En la política, especialmente en Colombia, todos los días ocurren milagros. Jorge Luis Alfonso López, muerto políticamente por decisión de la Procuraduría, reencarnó en Antonio José Correa, a quien impuso —con sus votos y su dinero— como nuevo senador de la República. López es uno de los hijos de “la Gata”, la empresaria del chance y de juegos de índole más peligrosa. (…) López determinó reivindicar su nombre y el de su familia llevando al Congreso a un hombre de su confianza y bolsillo. Antonio José Correa, oriundo de Cereté, Córdoba, sin trayectoria política, quien se limitaba a sobrevivir con un sueldo de médico general —muy escaso para sostener cuatro hijos de dos matrimonios— goza hoy de las gabelas de congresista, sin que se conozcan los probables acuerdos que hayan podido realizar este par de socios.”]

Como si fuera poco todo lo anterior, Don Edgard Artunduaga, pasó por la curul de Teresita García Romero y de ella otro tanto de cosas dijo: [“Se llama Teresita porque a sus padres les pareció áspero y helado Teresa, a secas. Y porque quisieron hacerle también un homenaje a Santa Teresa de Ávila, la monja fundadora de las Carmelitas Descalzas. Por más de una década “nos representó” como diplomática en Alemania, mientras su hermano —el “Gordo”, Álvaro García Romero— promovía la muerte y el terror en este país. Ella, tantos años por fuera de estas tierras tan violentas, considera “una injusticia” la sentencia a cuarenta años de cárcel a la que fue condenado el “Gordo” por financiar a grupos paramilitares y colaborar en sus crímenes.”]

Y, para cerrar su columna el señor Artunduaga al referirse al ex senador Carlos Arturo Quintero Marín dice explosivamente: [“¡Qué vaina! Acercarse a su vida es poner la de uno en riesgo: matones, narcos, paras, sicarios y otras especies y vertientes del delito aparecen acompañando su crecimiento político y electoral.
 Quintero Marín representa en el Congreso a Juan Carlos Martínez Sinisterra, preso en la cárcel La Picota por supuestas vinculaciones con narcotraficantes y paramilitares.”]

Pues resulta que tanto Mauricio Aguilar Hurtado, como Antonio José Correa Jiménez y Teresita García fueron reelegidos al Senado de la República en las elecciones de 2014 y forman parte de la bancada de Opción Ciudadana. Y, Carlos Arturo Quintero Marín es miembro de la Dirección Nacional de Opción Ciudadana, que repito, tiene el mismo ADN de Convergencia Ciudadana y Partido de Integración Nacional.

Lo curioso de esta historia, es que el señor Edgar Artunduaga de la mano de Horacio Serpa y con el auspicio de Luis Alberto Gil – a quien también acusó de haber saqueado a Santander-, se entró hace unos días –sin asomo de sonrojo- a una reunión de Opción Ciudadana –muy parecida a la tertulia liberal de Serpa- y con la excusa de impulsar el plebiscito, de manera ilegítima, se sentó en la mesa principal y se hizo designar co-presidente y vocero de Opción Ciudadana, bajo la promesa de elaborar -en un mes- un plan económico de medios para “engrasar” o “enmermelar” o pagar y financiar a los medios de comunicación en el territorio nacional, para que a través de los micrófonos y las páginas de los diarios, se cambie el mal concepto de Opción Ciudadana, -mal concepto- que el mismo Artunduaga estructuró desde sus escritos y emisiones radiales. Que ironía.

Y, ¡que vaina! Ahora Artunduaga se quiere sentar –de manera permanente- al lado de quienes de forma grotesca ha denigrado y de quienes ha llamado, los “matones, narcos, paras, sicarios y otras especies y vertientes del delito”, para ser su vocero y cobrar caro por ello. Las cosas que hay que ver por cuenta de la colonización liberal y de su plebiscito.

Pregunta: ¿Quién será el verdadero bandido y ex HP de esta historia? Habrá que estar atentos para ver que dicen el Consejo Nacional Electoral, el Consejo de Estado y el nuevo Fiscal General de la Nación.

Ver columna de Edgar Artunduaga: La senadora Astrid Sánchez y otros hp

P.D. A estas alturas, ¿qué pensará León Valencia? Que seguramente se confirman sus tesis.

Ver columna de León Valencia: El partido más ligado a la ilegalidad