En esta tortuosa historia, quizás nunca el país estuvo tan cerca del abismo como a mediados de 1971 cuando se apoderó de la Nación el desgobierno absoluto que dio cauce a la anarquía y el caos. El Gobierno de transición entregó a la Nación en brazos de otro cruel, tiránico y absolutista degradante y destructor del espíritu humano, el comunismo cubano en cabeza de Fidel Castro.

A su vez, el pueblo boliviano, en general, y los trabajadores en particular llegaron a pensar que no había otro remedio para Bolivia que tomar aquel camino. Los portavoces de la anarquía habían logrado su objetivo: El de inducir al pueblo a pensar en contra de sus propios y legítimos sentimientos.

El sentimiento general de rebeldía ante el desgobierno presente convirtió a Bolivia en un laboratorio de ensayo para la implementación del camino “hacia el socialismo” con expertos venidos de todas las naciones – Ché Guevara – para producir la revuelta general (Mendoza Samuel, Anarquía y caos, La Noche de Bolivia, 1971)

La misma estrategia que se utilizó en Bolivia en 1971, la utilizaron en Venezuela durante el desgobierno que se presentó durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez. Previa a la toma sangrienta del poder de parte del entonces coronel Hugo Chávez Frías, intento fallido en dos ocasiones, el ambiente dentro de la sociedad venezolana era de una rebeldía total por cuenta de las medidas impopulares que tomó CAP tales como impulsar el impuesto general a la canasta familiar, especialmente a la harina siendo la arepa uno de los productos básicos de la comida venezolana, junto con el desorbitado incremento de los precios de la gasolina.

El descontento se apoderó del pueblo en general. Entonces, apareció el mesías, Chávez, prometiendo el oro y el moro ante un pueblo descorazonado que veía como la inflación se estaba comiendo sus pocos ingresos. Se presentó lo que se conoce como el punto de quiebre, de inflexión, las condiciones objetivas propicias para la toma sangrienta de Chávez al Palacio de Miraflores.

Cambian los tiempos, cambian los personajes, las estrategias son las mismas. Son dos caras de la misma moneda. Una cosa es la izquierda carnívora representada en el Socialismo Bolivariano del siglo XXI en el poder, otra cosa es cuando lo pierde.

Una cosa es la izquierda carnívora representada en el Socialismo Bolivariano del siglo XXI en el poder, otra cosa es cuando lo pierde. Para el caso presente colombiano nos encontramos ante la segunda circunstancia en la cual la izquierda perdió el poder. Al perder el poder su estrategia es la de no dejar gobernar para construir un ambiente de anarquía y caos de tal forma que se produzca un desgobierno en todas sus formas de lucha.

Nadie se percató, por ejemplo, que desde el mismo discurso el día en que Petro Gustavo perdió las elecciones presidenciales frente a Iván Duque Márquez, formuló un llamado a todas las organizaciones sociales para salir a la calle.

100 días después de su derrota electoral, tiene al país incendiado, convulsionado, con la anarquía y el caos la cual será escalonada con el fin de producir el desgaste del actual gobierno y descontento general.

El gobierno de IDM, con apenas 100 días de nacimiento, pareciera que comenzara a caer en ese desgobierno que comenta Mendoza lo que producirá un efecto inmediato de descontento general, como el que nos encontramos, y de angustia porque se vienen las elecciones regionales.

Mientras tanto, las más de 25.000 organizaciones sociales que cuenta el movimiento Marcha Patriótica irán fomentando la anarquía y el caos de una manera escalonada para producir el descontento general con el fin de  crear las condiciones objetivas para llegar a la Noche colombiana.

Lo que no quiere visualizar el gobierno de IDM es que las elecciones regionales y para la presidencia se encuentran a la vuelta de la esquina. Si continúa su desgobierno nos quedaremos, paulatinamente, sin argumentos para defenderlo.

Con el agravante que IDM ha querido gobernar para agradar a la izquierda, a la pasarela en general, sin querer darse cuenta que ellos nunca lo van apoyar. Sus medidas impopulares y contradictorias comienzan a producir el descontento general: Ley de financiamiento, Palestina, Cuba, incremento de los precios de la gasolina. Salida en falso, por lo demás, su comentario con respecto a Andrés Felipe Arias

Mientras tanto, decepciona a sus electores quedándose sin el pan y sin el queso corriendo el altísimo riesgo, amenaza, de entregar el país a Petro y su izquierda carnívora.

Donde esta situación se presente, ahí sí estoy de acuerdo con Luigi Echeverry, llevaremos todos del bulto.

Puntilla: NHMTZ vs Odebrecht, para alquilar balcón. ¿Y, las ministras impolutas? Y, se viene el impuesto de valorización en Bogotá. Sigamos clavando a los ricos que tienen plata de sobra.

@RaGomezMar

Publicado: noviembre 20 de 2018