Los colombianos seguimos buscando la piedra de mármol en la que el candidato a Presidente de la Republica Juan Manuel Santos, suscribió el compromiso de no incrementar las tasas impositivas, ni de fijar más impuestos. Pero a decir verdad no la encontraremos y sí llegase a existir, nos estaría cumpliendo, pues la función de decretar los impuestos y las tasas, corresponde al Congreso de la Republica. El presidente y sus ministros que integran el gobierno solo presentan iniciativas. Otra cosa es que en el congreso sea común un excesivo mercantilismo legislativo.

Es responsabilidad de los miembros de las dos cámaras legislativas que se apruebe o no el proyecto de reforma tributaria presentado por el gobierno para que sea discutida en cuatro debates. Los Senadores de la República y los Representantes a la Cámara que emitan su voto aprobatorio a la reforma en materia de impuestos propuesta por el gobierno de Santos y su Ministro de Hacienda, pasarán a la historia como los personajes más impopulares de la política colombiana y de la democracia representativa de los últimos tiempos. Esta vez el pueblo pasará la cuenta de cobro a cada uno de ellos y seguramente les hará devolver hasta la última de las calorías de la mermelada recibida por cada decisión en la corporación legislativa.

Colombia poco a poco llega a un punto de anarquía y se acerca al caos, por culpa de las inadecuadas, inoportunas, impertinentes, inconvenientes e injustas decisiones de quienes en representación del pueblo –en el marco de esa falsa democracia representativa- están tomando decisiones de carácter general y de interés público, que no vienen atendiendo al interés general, sino beneficiando el circulo vicioso de la corrupción de lo público. Los servidores públicos, en este caso los congresistas con contadas y probadas excepciones, están colocando a primar su interés particular por encima del colectivo y negociando su poder de decisión legislativo con el poder ejecutivo a cambio de contraprestaciones burocráticas y contractuales, en exceso.

Seguramente la Reforma Tributaria será votada y aprobada sin mayor discusión y en excepcional negociación. No les importa a la mayoría de nuestros legisladores la grave situación económica que viven la mayoría de colombianos, al fin y al cabo sus elecciones han sido en la mayoría compradas con el mismo dinero de la corrupción, esa que con la ayuda de los organismos internacionales y el aparato institucional que creó la ley 1474, se ha pretendido combatir, incluso con la puesta en marcha de la institución de agentes encubierta que ojalá den algún resultado y no terminen siendo un eslabón más de ella.

Ni la política fiscal, ni los miembros del gobierno que la fijan y tampoco nuestros congresistas se han detenido en mirar para acoger o si no están de acuerdo, manifestarse frente a las recomendaciones de la OCDE que plantea que antes de crear más impuestos regresivos, se fortalezca el recaudo del impuesto, evitando la elusión y la evasión. No hay discusión en el congreso, solo negociación entre el ejecutivo y el legislativo cuyo costo lo pagaremos con más reformas tributarias.

Colombia debe hacer un alto en la carrera fiscal. El hueco de las finanzas públicas es profundo y sumamos, que nadie quiere hablar del poco respaldo que tiene el Estado para responder por los TES o Títulos de Tesorería que circulan en el mercado. ¿Quién responde por la crisis fiscal que tiene nuestro país? ¿Acaso quienes hoy tienen el poder avizoran el caos y se están apropiando de lo poco que queda en las arcas públicas? Dios nos proteja.

@AlirioMoreno