La persona inculta se priva a sí misma y a la sociedad que la rodea de un sinnúmero de oportunidades. Pensemos en aquellos que, aún en el siglo XXI, no saben leer ni escribir, o que en la era digital no saben siquiera manipular un computador o navegar en internet. Se marginan por completo de las posibilidades que ofrece el mundo moderno y, de paso, nos excluyen al resto de conocer su potencial personal. ¿Cuántos García Márquez o Bill Gates se han desperdiciado en Colombia por carecer de estas herramientas básicas?

En política y los procesos electorales sucede exactamente lo mismo. Quien no vota, por ignorancia o capricho, es un iletrado o analfabeta electoral que se hace un enorme daño y nos hace a todos un flaco favor. ¿Hace parte usted del 50% de la población que por lo general no vota en elecciones y se dedica el resto del tiempo a quejarse por el rumbo equivocado que toma la política nacional, regional o local?

Cada cuatro años, en elecciones que no son simultáneas en Colombia, los ciudadanos escogemos nueve autoridades públicas de las cuales depende nuestro porvenir: presidente y vicepresidente de la república, senadores, representantes a la cámara, gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles. De nuestra elección depende inevitablemente el futuro del país y las ciudades donde vivimos. ¿Por qué, entonces, tanta indiferencia? ¿Es ignorancia o desidia?

Que exista un desencanto con la democracia y los partidos políticos es apenas normal. Bien decía Winston Churchill que “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos”.  Mientras la humanidad no se invente nada mejor, nos toca seguir bailando con la menos fea y no hacer de ello una excusa para permanecer sentados y privarnos del baile. A fin de cuentas, dicen por ahí que nadie nos quita lo bailado.

Podemos pensar en la posibilidad de instaurar el voto obligatorio en Colombia, como sucede en buena parte de países del mundo, tanto desarrollados como en vía de desarrollo. Sin embargo, lo ideal sería que la participación creciente en nuestro país responda a la convicción de que el voto es un derecho y un deber ciudadano ineludible, y no necesariamente una imposición legal.

Tal vez exigiendo que el voto sea obligatorio en una o dos elecciones exclusivamente logremos despertar esa convicción en la ciudadanía. Puede suceder lo mismo que aconteció con la exigencia legal de portar el cinturón de seguridad mientras se conducía, so pena de una multa o sanción. Con el paso del tiempo, si bien los ciudadanos empezaron a portar el cinturón por ser una obligación legal, adquirieron el hábito y vislumbraron los beneficios, perdiendo de vista la sanción.

La verdad es que en el corto plazo ninguno de estos cambios se va a realizar. Se viene una nueva contienda electoral en marzo de 2018 para elegir el Congreso de la República y depende de cada ciudadano salir espontáneamente a votar. El que desee dejar de ser un analfabeta electoral, en caso de que no haya votado anteriormente o haya cambiado de residencia, recuerde que la inscripción de cédulas se realizará en puestos de votación entre el 23 y 29 de octubre en todo el país. ¡Acérquese ya! Registraduría Nacional del Estado Civil 

@jjUscategui

Publicado: octubre 23 de 2017