Al finalizar el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, las FARC estaban a punto de exhalar su último suspiro. Empezó su mandato con una guerrilla conformada por 20.000 hombres y logró reducirla a 8.000.  Ante su inminente derrota, muchas de sus cabecillas huían y se escondían en países como Venezuela, gobernados por regímenes afines a su ideología comunista y criminal, desde donde sólo podían contemplar cómo su ejército (si así se le puede llamar a esta banda de delincuentes) se iba desmoronando y replegando ante la incesante ofensiva del Estado.

El ELN estaba tan desarticulado que nos preguntábamos que había sido de ellos; y en cuanto al EPL, solo con la ayuda del famoso buscador Google era posible corroborar su existencia.

Es cierto que los ocho años de la presidencia de Álvaro Uribe Vélez por poco no alcanzaron para acabar con estos bandidos que tanto daño le habían hecho a Colombia durante más de medio siglo, pero estábamos en el camino correcto para derrotarlos. Ahí sí es verdad que la paz estaba de un cacho.

El mejor legado que le dejó Uribe a Santos fue un rumbo: un mapa trazado de una manera tan clara y eficiente que cualquier insensato hubiera podido seguirlo sin mayor dificultad.
Pero Santos, al que no me atrevo a acusar de insensato, pero sí de traidor, escogió destruir este mapa y tomar otro camino, el más difícil, y así como a Lázaro resucitar a los más grandes delincuentes de nuestra historia.

Para consumar su milagro debía primero justificarlo y lo hizo de una manera que ni al mismísimo Maquiavelo se le hubiera ocurrido. Le abrió a la guerrilla el espacio necesario para atentar contra la fuerza pública y la población civil, para así crear un ambiente de zozobra en el cual todos estaríamos convencidos de que eran imbatibles y de que la única salida factible a la violencia era un proceso de paz para concederles todo lo que sus corazones desearan. Por ello, el argumento preferido de los mamertos modernos es que prefieren verlos en el congreso antes que verlos matando en el monte.

No contento con esta traición a la patria, que poco a poco el pueblo ha ido captando (recuérdese el episodio en que la hermana de un policía asesinado se negó a darle un diplomático beso), Santos también ha ido desmontando de manera sistemática todo el aparato para combatir el narcotráfico, fuente de los mayores ingresos de los bandidos, primero prohibiendo los ataques aéreos, la única ventaja táctica que tenía el ejército sobre la guerrilla,  y después prohibiendo la erradicación de cultivos mediante la aspersión del glifosato.

Sí señores, Santos hace milagros.  Resucitó de manera cómplice a las FARC, permitiendo que su pie de fuerza aumentara de 8.000 a 18.690 hombres, y permitió que los ya casi extintos ELN y EPL regresaran con toda la fuerza de sus años más violentos.  No contento con esto, multiplicó los peces, facilitando que aumentaran las hectáreas sembradas de cocaína en un 400%, con lo cual devolvió a Colombia el honor de ocupar de nuevo el primer puesto entre los productores de droga del mundo.

Ojo: si tenemos en cuenta la apreciación del dólar, la permisividad cómplice de Juan Manuel Santos también ha multiplicado la fortuna que tanto las guerrillas como el gobierno niegan tener.

Otorgarles a las guerrillas semejante statu quo político y económico ha traído varias consecuencias nefastas para el país, pero la más grave es que las ha fortalecido en las negociaciones “de paz”, cosa que a cualquier ciudadano pensante le haría concluir que Juan Manuel Santos está sentado en el lado equivocado de la mesa de negociación.  Efectivamente, ¿a quien se le ocurriría fortalecer a su adversario antes de sentarse a negociar con él?

Para la muestra un botón: como si se tratase de un estado soberano negociando un tratado internacional, el ELN está condicionando el inicio de los diálogos con el gobierno Santos. Han llegado hasta el punto de decir que no liberarán a los secuestrados, que niegan tener, hasta que no se liberen a los guerrilleros presos.

Realmente este Santos es un santo, aunque no para los ciudadanos de bien, sino para los bandidos, verdaderos y únicos beneficiarios de todos sus “milagros”.

@ANIABELLO_R