Es claro que los partidos que apoyaron a Santos a cambio de un jugoso botín llamado mermelada, han hecho hasta lo imposible para torpedear al gobierno de Iván Duque. No se trata de diferencias ideológicas ni programáticas de fondo, sino de una revancha mezquina contra el presidente que cortó de tajo la corrupción desatada durante los oscuros años del santismo. 

Pensando en sus intereses particulares y no en las necesidades reales del país, los antiguos integrantes de la “unidad nacional” de Juan Manuel Santos se trazaron el objetivo de asfixiar a Iván Duque y al Centro Democrático. A esa operación de política menor, se sumó el alevoso levantamiento estimulado por el antiguo terrorista de la banda M-19, Gustavo Petro.

Así, desde la politiquería y el extremismo de izquierda, se ha arrinconado a un presidente que goza de toda la legitimidad. Como no hay casos de corrupción para reprocharle, se ha caído en la bajeza de mentir sobre su vida personal, con el propósito canalla de minar su moral y la de sus colaboradores más cercanos, específicamente de su jefe de gabinete, María Paula Correa. 

En Colombia, se han confundido los papeles. Una cosa es la gobernabilidad y otra muy distinta la repartición oscura y reprochable del botín de la burocracia oficial.

El presidente Duque, consciente de la necesidad de hacer una depuración de la política y de las prácticas corruptas que la envilecen y opacan, tomó la decisión de iniciar su gobierno con un gabinete conformado por personas de su entera confianza, sin tener en cuenta el criterio de la representación partidista. 

Eso no significa que, para hacerle frente a las dificultades que se observan en el panorama política, el presidente esté cerrado a la opción de poner en marcha una reorganización de su gobierno, sobre la construcción de una coalición que gire alrededor deunas iniciativas legislativas fundamentales para el país, como la reforma a la justicia, las leyes tributarias, reforma política y otros aspectos puntuales. 

Si los partidos políticos que se han declarado en independencia resuelven sumarse a la agenda política del gobierno, deberán tener representación política con responsabilidades específicas, sin que eso signifique una adjudicación indiscriminada de entidades, como sucedió en el gobierno anterior, cuando las arcas fueron vulgarmente saqueadas. 

El presidente Duque ha resuelto darle un vuelco su forma de gobernar. El punto de inflexión se registró durante su reciente visita a la ciudad de Cúcuta, con ocasión del lanzamiento de la Zona Económica y Social Especial en la capital de Norte de Santander. El Duque que se vio en la ciudad fronteriza, permite prever cuál será el estilo y el talante del gobierno a partir del año entrante. 

Que nadie se llame a engaños: ampliar la gobernabilidad a través de la representación política no significa, ni mucho menos volver a la nociva mermelada que implementó el gobierno corrupto de Juan Manuel Santos. 

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 10 de 2019