Para nadie es un secreto que Martín Santos, el hijo mayor del presidente de la República, es un sujeto altanero.

Desde el 7 de agosto de 2010, el hijo del primer mandatario ha sido protagonista de distintos escándalos. Hace 4 años, cuando Colombia participaba en el mundial de fútbol de Brasil, Martín Santos protagonizó una gresca en un restaurante, donde hinchas militantes del uribismo fueron atacados por él y sus compinches. Volaron platos y trompadas contra los militantes del Centro Democrático.

La virulencia del hijo mayor de Santos no ha respetado frontera alguna. En medio de su desesperada e irreflexiva defensa del errático y corrupto gobierno de su padre, llegó al extremo brutal de ventilar en las redes sociales las inclinaciones sexuales de uno de sus parientes.

Es legítimo que un hijo respalde el ejercicio profesional de su padre, así este sea tramposo e incompetente. Lo que carece de sentido y merece ser rechazado es que el hijo del presidente de la República, señale temerariamente a una senadora de la República, como recientemente le sucedió a Paloma Valencia.

En efecto, luego de que en el Senado se aprobaran las dos proposiciones fundamentales que promovió la senadora Valencia en nombre del gobierno entrante de Iván Duque para efectos de corregir un poco los efectos nefandos de la JEP, Martín Santos publicó dos fotografías de la congresista, señalándola de ser “la mujer que está sepultando el proceso de paz”.

Sabido es que las Farc tienen estructuras armadas de apoyo, denominadas “disidencias”. Hace algunos meses, el cabecilla de esa banda, alias Timochenko, llegó al extremo de amenazar con “movilizar a 300 camaradas” para contrarrestar las rechiflas de las que estaba siendo objeto.

Las Farc, que soñaban con que la JEP los salvara de ser extraditados, deben estar profundamente preocupadas con el artículo que fue presentado por Paloma Valencia y aprobado en el Senado. Dicha norma, impide que los magistrados de la jurisdicción especial para la paz practiquen pruebas en relación con solicitudes de extradición contra los miembros de la guerrilla aparentemente desmovilizada.

Era evidente el interés del gobierno de salvarle el pellejo al mafioso alias Jesús Sántrich al permitir que la JEP se metiera a analizar la solicitud de extradición que hay en su contra, pues es sabido que los magistrados socialistas de ese tribunal tiene todo el ánimo de asegurar que ese bandido no sea enviado a los Estados Unidos.

El mensaje del alevoso Martín Santos, además de irrespetuoso con las mayorías del congreso que respaldaron la iniciativa presentada por la senadora Paloma Valencia, puede desembocar en acciones en contra de la parlamentaria.

Las Farc, a través de sus “disidencias” tienen los medios para emprender acciones violentas en contra de la parlamentaria señalada temerariamente por el hijo del presidente. Si aquello llegara a ocurrir, él –Martín Santos- debe ser responsabilizado y tendrá que responder, pues su mensaje es una lamentable y reprochable incitación a la violencia contra la congresista del uribismo.

Esa reacción desproporcionada y carente de juicio del hijo del presidente de la República, evidencia el desespero que embarga a un gobierno que adquirió compromisos inadmisibles con el terrorismo y el narcotráfico. Si Santos le prometió a la mafia que no los iba a inmunizar de forma vitalicia, deberá responder ante ellos por el incumplimiento, pero el Estado no puede seguir siendo un cómplice de los delincuentes, razón por la que se hacía necesario empezar por garantizar que los narcos pedidos en extradición serán enviados a los países que los reclamen.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 29 de 2018