Por estas épocas, entre lluvias y cucarrones, aparecen de cuando en vez estudiantes de las diferentes facultades de comunicación de Bogotá gracias a que algún profesor colega les envía una tarea consistente en una pregunta: ¿Qué representó Álvaro Gómez Hurtado para la democracia colombiana?

Debo reconocer que así como los fantasmas, el de Álvaro siempre está. Cuando vienen, siento que esta generación que se hace llamar milenial – tengo poca claridad del porqué se llaman así – desconoce de la historia patria, de sus personajes, de los hechos que marcaron nuestro devenir.

Mi amigo el filósofo me comenta que: “con razón, Rafa, borraron del pénsum académico Historia y Filosofía, Civismo que llamaban antes, por eso no saben nada”. Y se va mi amigo el filósofo como bravo.

Al ser estudiantes de comunicación, les sugiero que antes de venir investiguen: el qué, el cómo, el cuándo, el dónde, el por qué junto con las circunstancias de lo que llaman los forenses de modo, tiempo, lugar sobre el asesinato de AGH.

Además, de: el proceso 8.000, cómo se desenvolvió el gobierno del elefante elegido con dineros del narcotráfico del cartel de Cali; cómo tiempos después se vino a saber que el mismo cartel financió campañas al Congreso. Cómo se produjo la absolución del elefante gracias a ese Congreso.

Acto seguido de la entrevista, suelo pasar el monumento del caballo ubicado en la carrera 11 con calle 66 para sentarme en el parque, solo y en silencio: “ser abatido por ráfagas de ametralladora, como parecía ser mi suerte, no debía considerarse como un infortunio singular. En las actuales circunstancias del país y del mundo, una muerte así podría no ser un sacrificio inútil, sino la creación de un símbolo que convocara un movimiento de restauración”.

21 años después, me pregunto si su vil asesinato fue inútil.  O, como comentó Antonio Caballero en la Revista Semana, si fue un buen muerto.

He llegado a la dolorosa conclusión, por ahora, que, evidentemente, lo fue. Fue un asesinato inútil porque el mismo régimen que gobernó durante la era de Samper, con su elefante incluido, nos gobierna en la actualidad bajo JMS. ¡Ah! Gobiernos amorales.

21 años después, el mismo régimen del elefante logró mantener su caso impune. Nadie preguntado. Nadie sabe nada. La ley del silencio.

Su muerte fue inútil porque quienes ostentan el poder en la actualidad solamente les interesa mantener el statu quo reinante para fortalecer sus intereses económicos.

Su muerte fue inútil porque cada vez más el establecimiento tanto privado, como público, se entrega al Gobierno de turno sin importar sus valores éticos o morales.

El mismo Álvaro escribió un editorial donde comentaba la diferencia entre el Estado y el Gobierno: “La mayoría de nuestros ciudadanos se preocupa por el Gobierno, más no por el Estado. El país no quiere pensar en el Estado. En el devenir del Estado. Consideramos al Estado como algo que está ahí, puesto. El Gobierno, a su vez, quiere imponerle todas las cargas al Estado con el fin de salvaguardar los derechos adquiridos de los ciudadanos a sabiendas que son inviables en el largo plazo” (Marzo 16, 1978, El Siglo).

21 años después, nada más parecido a la situación actual con respecto al desgobierno amoral de JMS donde el ministro de Hacienda Cárdenas desea imponer las cargas impositivas a los individuos con tal de sostener el desbordado gasto central del Estado a sabiendas que son insostenibles en el mediano plazo.

21 años después, se presentó la alianza entre el elefante, Gaviria, huanpa, Germán para elegir al nuevo Procurador Fernando Carrillo. El régimen en toda su expresión. Y, lo más curioso: el Centro Democrático junto con el Partido Conservador prestándose para ello. Del Partido Conservador no me extraña. Del Centro Democrático…

21 años después, cuando cerraba este doloroso in memoriam a la impunidad sobre el caso de AGH, me llegó por vía twitter una imagen que me dejó absorto. Aparecen en ella: Santos, Samper, Gaviria, Montealegre, Cristo, Petro, Cepeda, Piedad con su turbante -¿qué tendrá Piedad bajo ese turbante?-, Serpa,  Roy…El régimen en su máxima expresión. Faltó dasman.

Cambian los personajes, el régimen sigue siendo el mismo.

“Lo que hay que tumbar es al régimen. A Samper nadie lo quiere tumbar. Lo que hay que tumbar es al régimen”.

A la semana siguiente, lo asesinaron con una ráfaga de ametralladora al frente de su Universidad Sergio Arboleda.

Premonitoria su reflexión. ! Ah! Sacrificio tan inútil.

Puntilla: ¿Será que Germán Vargas se está dando cuenta del despelote que le está dejando huanpa?

@RaGomezMar