Mi vida laboral ha estado marcada por el servicio público, en donde he tenido la oportunidad de trabajar al lado de personas como el Expresidente Álvaro Uribe Vélez. Es el servicio público lo que me gusta. Trabajar por un mejor país que se vea reflejado en la calidad de vida de sus habitantes ha sido propósito en mi vida laboral. En el ejercicio público todos sabemos que somos objeto de controles de gestión y de investigaciones en caso de que haya fallas en el cumplimiento de nuestro deber. Así debe ser, sin duda. Trabajamos con los impuestos que pagan con mucho esfuerzo los colombianos y es obligación llevar a cabo un control a lo realizado.

Lo que sí nunca me imaginé era que por temas políticos, tanto ideológicos como de poder, se podía llegar al grado de persecución en el que actualmente estamos. Sorprende leer los documentos de procesos y sentencias de mis compañeros de gabinete durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Viendo que poco a poco iban cayendo en manos de la justicia y todos resultaban culpables, me propuse entender sus casos. Qué sorpresa tan desagradable fue ver cómo los medios e importantes columnistas distorsionaban la realidad con la anuencia de la justicia y viceversa.

¿Qué encontré? Falsos testigos comprobados, testigos reales que servían para casos de personas de línea política distinta pero que no le servían al Uribismo, no aceptación de testigos o de pruebas, muchos ni siquiera escuchados en juicio; mis compañeros detenidos por ser supuestamente un peligro para la sociedad a pesar de haber asistido a todos los llamados de la justicia; montajes inverosímiles en los que hay equivocaciones de fechas, lugares y actores; presiones hacia mis compañeros para que declararan y culparan a Álvaro Uribe Vélez; condenas exageradas que no tienen relación con el delito que se imputa. Esto, como para mencionar algunas cosas y mostrarles el tamaño de la injusticia.

Todas las denuncias que hicieron mis compañeros sobre ciertos actores de la justicia, que claramente violaban su proceso, nunca fueron tenidos en cuenta. Por el mismo delito imputado a mis compañeros, a otros de distinta corriente política no les pasa nada, como debe ser, porque son acusaciones que no configuran delito alguno. También se dan los casos en los que otros salen inocentes, a pesar de la gravedad de los hechos, sólo por no ser Uribistas.

Algunos de mis compañeros tomaron la decisión, al ver tanta mentira, infamia e incapacidad de defenderse, de pedir asilo en el exterior y enfrentar sus juicios desde otro país. Resulta importante analizar qué países los acogieron y protegieron, lo que envía un mensaje claro a nuestra justicia que algo debe estar haciendo mal. Mis compañeros están dispuestos a regresar al país cuando se den las garantías.

Muy hábilmente se gestó una persecución política usando como instrumento la justicia. Los fallos no se dan en derecho sino en política, causándole al país una gran pérdida de credibilidad en sus instituciones. Un país que se permite tener un 96% de impunidad y que además cuando condena a servidores públicos lo hace según al grupo al que pertenecen, me pregunto yo, hacía dónde va. En nuestro caso, perseguidos por ser funcionarios, familiares o personas cercanas al Expresidente Álvaro Uribe Vélez.

El drama familiar es inmenso. Niños que no entienden qué pasa con sus papás y son objeto de matoneo en el colegio, mujeres que luchan por mantener un hogar y no consiguen trabajo por ser esposas de investigados o condenados, hijos y señoras en terapias sicológicas para lograr equilibrio emocional y capacidad para enfrentar la calumnia y la infamia. Mis compañeros han sido sometidos a la burla y el matoneo de medios y redes sin tener pruebas, todo por rumores y por aversión a un proyecto político. Muy triste ha sido ver cómo representantes de la justicia han sido capaces de hacer pronunciamientos públicos sobre la culpabilidad de mis compañeros sin conocer el caso y ni siquiera tener investigaciones. Duele ver como anuncian las detenciones sin juicios, parece que quisieran aumentar el sufrimiento de investigados y sus familias, y lo logran.

Hoy somos nosotros los perseguidos, mañana serán otros, si lo seguimos permitiendo. Hago un llamado a que se tomen un tiempo para revisar los casos, leer las sentencias y se  formen una opinión personal no contaminada de cada caso. Ayúdennos a pronunciarnos contra esta gran injusticia.

Llamo a la reflexión a la mayoría de personas que integran los órganos de investigación y justicia, para que protesten ante estos abusos que minan la credibilidad de toda la rama. Son unos pocos pero han sido suficientes para causar mucho daño a nivel personal y han minado la credibilidad y confianza en nuestras instituciones, al punto de que las encuestas muestran una caída fuerte y sostenida en la imagen y favorabilidad de nuestra justicia.

Jamás he pedido impunidad, soy una convencida de la verdad. Quien de mala fe o con dolo se haya equivocado debe ser sancionado. Sí pido justicia con debido proceso y garantías judiciales iguales para todos. Simplemente que se apliquen las normas.

Quiero recordarles que mis compañeros no se han robado ni un peso ni han asesinado a nadie. Por eso, no entiendo cómo, para terroristas de las FARC, algunos se esfuerzan en encontrarles vía a la impunidad, mientras que al mismo tiempo evitan que mis compañeros tengan una segunda instancia, derecho universal de todos los investigados.

Seguiremos luchando hasta el final por la inocencia y la verdad.  No queremos justicia politizada. Pedimos justicia igual para todos. Tendremos toda la paciencia para demostrarles que la inocencia siempre gana y estamos seguros de que esa misma justicia que hoy los señala, los absolverá.

@AliciaArango