Que los políticos sean corruptos, vaya y venga. Que los miembros del ejecutivo transgredan la ley, no es novedad.  Que inclusive algunos miembros de las esferas inferiores de la rama judicial delincan, aunque escandaloso, también ha sucedido. Pero que los máximos tribunales de la justicia sean una cueva que albergue a magistrados corruptos supera todo lo imaginable.

Como ciudadanos, al contemplar impotentes el espectáculo de corrupción que toda la vida ha ofrecido la administración pública, en especial las ramas ejecutiva y legislativa, ingenuamente nos quedaba el consuelo de que los más altos representantes de la justicia finalmente se encargarían de poner las cosas en su sitio en los casos en que sus inferiores jerárquicos por alguna circunstancia no cumplieran a cabalidad con sus funciones. Pero vaya que andábamos bien descaminados en tan pueril aspiración.

Esta semana la Fiscalía General de la Nación solicitó a un juez que emitiera una orden de captura contra al exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia, Francisco Ricaurte por los delitos de concierto para delinquir, cohecho, tráfico y uso abusivo de información privilegiada. Como Ricaurte no cometió esos delitos ejerciendo como magistrado sino como abogado su proceso será conocido por la justicia ordinaria. Mala suerte con la que no corrió su ex colega José Leonidas Bustos ya que su caso será conocido por la Comisión de Absoluciones – perdón – Acusaciones de la Cámara de Representantes, la misma corporación que en su momento absolvió a Ernesto Samper Pizano.

Ricaurte, que goza del distintivo de ser el primer exmagistrado de la Corte en ir preso, compartió oficina con el infame ex fiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno. Moreno, como es bien sabido fue el primer eslabón de la cadena de investigación iniciada por la DEA en los Estados Unidos. A través del exgobernador Alejandro Lyons se consiguió todo el material probatorio necesario para poner en la mira de la justicia al exfiscal Moreno y a sus coparticipes en la venta de fallos judiciales de la Corte.

A este ramillete de corruptos le tenemos que añadir el nombre del actual magistrado de la Corte, Gustavo Malo Fernández. Que, haciéndole honor a su apellido, se rehúsa a abandonar su cargo mientras la Comisión de Absoluciones decide sobre su situación jurídica. Tan desagradable resulta su presencia en la Corte que se dice que el resto de magistrados se levantan y se van tan pronto llega Malo.

Ricaurte, Bustos, Moreno y Malo, seguramente son tan solo la punta del iceberg y son los que tuvieron la mala suerte de dejarse atrapar. Lo más seguro es que estén implicados otros magistrados, porque para tomar una decisión colegiada sobre un caso, se necesitan las mayorías. Que los atraparan solo fue posible en la medida en que fueron los Estados Unidos los que propiciaron la investigación. En Colombia no había ninguna intención de que se conociera la podredumbre en nuestro sistema judicial, porque la Constitución del 91 se encargó de politizar la justicia de manera tal que imposibilitó que los magistrados de las altas cortes tuvieran un tribunal serio y competente que los investigara y juzgara. Todos son parte de la misma cochada, en la cual los magistrados son ternados por los mismos encargados de investigarlos. En efecto, la Constitución del 91 mató al gato, es decir, la división efectiva de los poderes públicos, y los ratones hicieron fiesta.

En las sociedades civilizadas todas las esperanzas de los ciudadanos se depositan en sus jueces que se supone deben ser los portaestandartes de la moral colectiva.

Sin embrago, en Colombia, donde antes de la nefasta Constitución de 1991 era impensable tan siquiera sospechar de actos de corrupción por parte de magistrados de las altas cortes, la podredumbre moral generalizada ha llegado a tal límite, que la reacción ante un escándalo consistente en que los máximos jerarcas de la justicia son los más conspicuos violadores de la ley, ha sido, si no la de una total indiferencia,  si la de una actitud de apatía y de indiferencia  de una sociedad que parece haber perdido su capacidad de asombro ante la más aberrante de las demostraciones de descomposición social cual es la corrupción de su justicia.

Hasta este punto hemos llegado en un país que comenzó este peligroso juego de la decadencia moral a todos los niveles con la connivencia descarada con el narcotráfico primero, que impregnó a casi todos los estamentos sociales;  después con el asesinato de los mejores hombres del país a manos del mismo narcotráfico al que se juzgaba en público pero se toleraba en privado; después con la realización de una constituyente que tenía nombre propio para elevar a rango constitucional la no extradición de colombianos; más tarde con la elección de un presidente de la republica  con dineros de la mafia y la absolución de aquel no obstante la plena prueba de su culpabilidad, y ahora con la escandalosa venta de fallos judiciales por parte de la Corte Suprema de Justicia, episodio al que se le conoce con el ignominioso nombre de “El cartel de la Toga”.

Hemos llegado casi a un punto de no retorno, circunstancia esta que se torna más crítica teniendo en cuenta el agravante de que mediante los acuerdos refrendados ilegalmente se refrendó el narcotráfico y los delitos de lesa humanidad de las Farc, y se creó una justicia paralela que decidirá con la mayoría de los testaferros intelectuales de ese tenebroso grupo guerrillero.

La situación cada vez se torna más complicada en Colombia, a la que el narcotráfico orada sus cimientos, en un proceso que el colombiano considera  no tendrá fin. Pero resulta que el fin puede estar muy próximo pues no hay sociedad que soporte descomposición de tal magnitud.

Además de orar al altísimo, no queda más alternativa que actuar y que sean los más valiosos hombres de este país,  por su moral e inteligencia, las mentes más lúcidas y honestas,  las que comiencen la reconstrucción de Colombia y eviten la que parece una inevitable catástrofe, y que lo hagan por el principio, esto es, redactando y aprobando una nueva Constitución, la Constitución Política que pide a gritos y que de sobra  se merece este gran país.

@ANIABELLO_R

Publicado: septiembre 22 de 2017