Hace unos días, reapareció el santista rector de la Universidad de Los Andes, Alejandro Gaviria en un programa de televisión presentado por la contratista del distrito, Carolina Sanín.

En la entrevista, Gaviria se mostró como un ser pretencioso que habla desde el Olimpo. Mirando desde una “atalaya” moral no ahorró elogios para si mismo, mientras derrochaba citas de grandes personajes de la historia, para que todos los que vieran el reportaje quedaran notificados de que él -Gaviria- es un hombre instruido y culto. La humildad intelectual, le es totalmente ajena al exministro y ahora rector universitario.

Respecto de porqué cree él que hay gente que promueve su nombre como posible candidato presidencial, no dudó en concluir que aquello está ocurriendo porque sus promotores “ven en mi una persona que encarna ciertos valores que podría ser capaz de no politizar la moral, sino para moralizar la política”.

En un lapso de menos de 5 minutos, citó frases de Karl Popper, invocó la biografía de John Stuart Mill y se refirió al presidente Lyndon Johnson.

Personas que el grueso de la población colombiana no ha oído mencionar o, mucho menos, ha estudiado.

Es evidente que él entrará de lleno a la campaña política donde seguirá presentándose como una tabla de salvación y el gran moralizador del país.

Gaviria reconoce que es un hombre con grandes contradicciones. Quizás en su código personalísimo está la fórmula de no hacer en privado lo que propone en público.

La persona que quiere moralizar la política, ejerce como candidato presidencial en la sombra.

Pero eso no es lo más grave. Su esposa, la señora Carolina Soto es miembro de la junta directiva del Banco de la República.

Fue nombrada por Juan Manuel Santos cuando Gaviria se desempeñaba como su ministro de Salud. ¿Nepotismo?

Grande, muy grande contradicción que pone en evidencia una vez más que lo de Alejandro Gaviria es una simple y elemental puesta en escena para reclutar incautos que se dejen seducir con intervenciones colmadas de referencias académicas utilizadas para tapar muy pomposamente una realidad incontrastable: la debilidad erótica que el santismo y los santistas sienten por el presupuesto público.

Absurdo que el rector de Los Andes pose de salvador de la República pasando de largo frente al caso de su esposa. El mensaje de Gaviria es claro: moralizaré a Colombia, pero las finanzas de su familia seguirán engordando gracias a un jugoso salario pagado por una entidad oficial (¡!).

El ejemplo no se da con frases ni respuestas esplendorosas, sino con hechos simples pero inequívocos. Antes de que Gaviria empezara a fungir como candidato que blande una proclama de aparente pulcritud, su esposa Carolina debió haber renunciado a la junta del Emisor.

Aquello habría sido un mensaje contundente que hasta los más fuertes críticos y contradictores del exministro santista habrían tenido que aplaudir.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 21 de 2021