Hay que aceptar que Gustavo Petro ganó la elección presidencial en buena ley. Si hubo fraude, la compra de dos millones de votos que denunció Ingrid Betancur o se presionó indebidamente a los electores en las zonas cocaleras, carecemos de elementos de juicio para dilucidarlo. En consecuencia, salvo que los escrutinios finales arrojen alguna sorpresa, siguiendo los cánones democráticos Petro tiene derecho de poner en ejecución su programa de gobierno y ejercer sus funciones con la gente que decida. Empero, hay también el derecho de exigirle que actúe de conformidad con el marco institucional y respete los compromisos adquiridos con la comunidad.

Esos compromisos están protocolizados en su programa y sintetizados en el discurso que pronunció al declararse triunfador en el certamen. Puede consultárselo aquí: https://www.youtube.com/watch?v=EaOqfQWeMBM

Es un discurso aparentemente conciliador en el que reconoce que cerca de la mitad del electorado no lo apoyó y se hace menester un gran acuerdo nacional para preservar la unidad de la sociedad colombiana. Se compromete a no perseguir a nadie, a mantener abiertas las puertas del diálogo con sus contradictores y a gobernar para todos.

Por consiguiente, a diferencia de otros gobiernos izquierdistas de la región, ha asumido un compromiso formal de respetar la diversidad de opiniones y los procedimientos democráticos.

Evidentemente hay un notorio contraste entre el Petro conciliador de los últimos días, que lo acerca al Dr. Jekyll, y el alborotador de todos estos años que lo identifica con Mr. Hyde. Cuál de los dos prevalecerá cuando ejerza el gobierno es una incógnita.

Un asunto de fondo es su declaración en favor del capitalismo, que contrasta con la que ha hecho su coequipera, que dice que hay que acabar con él. El modo como se ha manifestado reproduce el esquema marxista de una evolución que supera el esclavismo y el feudalismo con miras a modernizar el régimen económico y preparar el advenimiento del socialismo como etapa previa a la edificación de la sociedad comunista.

Si dice que quiere fortalecer el capitalismo, de modo implícito reconoce la propiedad privada, la libre empresa y la economía de mercado como factores necesarios para la creación de riqueza y asegurar el bienestar de la colectividad. 

¿Es un discurso mentiroso concebido para tranquilizar a los agentes económicos? No lo sabemos. La experiencia con Petro indica que es un político oportunista y embaucador como pocos. Es probable que los primeros pasos de su gestión se inclinen a cumplir estas promesas, para evitar los trastornos que podría producir su triunfo electoral. Quizás vaya apretando después las clavijas.

Pero hay que mantenerse alertas, porque la izquierda radical que lo rodea seguramente querrá presionarlo para que acelere los cambios que ha prometido a lo largo de su campaña. Como se ha mostrado enemigo de toda la actividad extractiva, de la ganadería, de los cultivos de caña de azúcar, de los empresarios agrícolas, del gran capital, etc., en cualquier momento puede sacar las uñas.

Ya habla de la reforma agraria integral que Santos pactó con las Farc, asunto que amerita un gran debate acerca de sus pormenores. Mejorar el nivel de vida del campesino y darle oportunidades para que se integre eficazmente a la economía general del país es algo que está por fuera de toda discusión. Pero destruir la empresa agropecuaria que garantiza la modernidad del sector es inaceptable.

Una gran incógnita toca con el Congreso. Todo da a entender que tendría que negociar para que sus proyectos se conviertan en leyes. En la campaña dijo que si encontraba oposición de su parte, arrojaría contra él a sus secuaces, vale decir, a la Primera Línea, la Minga y, porqué no, a las bandas armadas que dominan en los territorios cocaleros. No podemos olvidar que Petro es, ni más ni menos, un “putschista” al estilo hitleriano. 

La advertencia que se la ha hecho en el sentido de que se comprometa a respetar la separación de poderes es, pues, muy oportuna. Y lo mismo hay que observar acerca de la libertad de prensa, pues en un trino de hace pocos días anunció que ejercería un severo control sobre Semana, por haber publicado los petro-videos.

Los grandes debates vendrán cuando presente proyectos tributarios que opriman a los generadores de riqueza y, por ende, de empleo, con miras a llevar a cabo las políticas redistributivas del ingreso que ha anunciado. Entonces será Troya.

¿Lo asesorarán con éxito y buen sentido economistas serios como Rudolf Hommes y Alejandro Gaviria? ¿Cederá ante las presiones de extremistas como el senador Iván Cepeda o los de Comunes?

Petro ha hablado de la importancia de la paz, asociándola con el amor. Pero es un tema complejo que exige tener los pies bien puestos sobre la tierra. ¿En qué términos podría concebirse la paz con el ELN o con todo el sector cocalero que controla vastos territorios y una porción enorme de la economía nacional?

La invocación de la justicia social como segundo eje de su proyecto de gobierno es inobjetable en principio. La lucha contra la pobreza, la desigualdad, las inequidades y exclusiones, las necesidades insatisfechas de las comunidades, etc. es urgente para evitar el estallido social que hay quienes creen que está ad portas. Pero el cómo es asunto que se presta a debate que amerita adelantarse alrededor de propuestas específicas. 

Según el discurso en comento, el tercer eje es la justicia ambiental, tema que también ofrece muchos aspectos discutibles, no obstante el consenso que media sobre la necesidad de cuidar de nuestra casa común. Una interesante investigación periodística vincula a Petro con el extremismo globalista de Soros y  compañía (vid. https://www.youtube.com/watch?v=j3PT3ayzP4Y). Esto tiene que ver con la idea de controlar severamente la población desde todo punto de vista para afrontar el problema del cambio climático. Hay un trasfondo totalitario en esa tendencia radical. 

Su compromiso es con el cambio. Hay que esperar que ello sea para mejorar y no para destruir. La prensa y la oposición tienen que estar muy atentas para que no haga locuras.

Ha anunciado que quiere un gran acuerdo nacional. Por consiguiente, hay que empezar a ventilar los temas que podrían ser objeto del mismo. Específicamente, Antioquia debe pensar en los ajustes institucionales que aseguren su autonomía y la protejan de aventuras extremistas.

Alrededor de Petro obran distintas fuerzas políticas, unas moderadas y otras extremistas. Esperemos que las primeras se impongan sobre las segundas. Para ello es necesario que también en la oposición prevalezcan los moderados sobre los extremistas. La conjunción de moderados de parte y parte hará posible que la armonía social permita que el nuevo gobierno transcurra sosegadamente, reduciendo al mínimo la conflictividad.

Jesús Vallejo Mejía

Publicado: junio 22 de 2022