Después de ver el desarrollo de la imposición de las Farc en Cuba y de leer el documento dictado por la guerrilla, me decidí a votar por el “NO” a ese mamotreto que poco contribuiría a un mejor país. Además de votar, me dediqué a ir a universidades, congresos, foros y por redes sociales a hacer pedagogía de porqué mi voto era en contra del mal llamado “acuerdo” de La Habana.

Hoy, después del domingo en el que ganó el “NO”, han querido desconocer por todo medio esa decisión. Apoyo las marchas y las respeto, pero la voluntad popular se plasmó el domingo en las urnas y no en las calles. Es decir, unas marchas no pueden estar por encima de unas elecciones.

También me ha llamado poderosamente la atención el cinismo de ciertos partidarios del “SÍ”, especialmente quienes desde el gobierno hablan de fraude electoral por parte del Centro Democrático -partido al que no pertenezco- cuando en realidad la mermelada repartida y las mentiras dichas fueron incontables e inexcusables.

Muchos foros los hice en compañía de Francisco Santos y en ellos no se dio ni agua a los asistentes. Fue un trabajo de puerta en puerta, de sitio en sitio, en diálogo directo con colombianos de todas las edades, géneros y partidos. A todos les expusimos nuestras ideas y, sí, al final resultamos favorecidos con el voto de una mayoría que hablo dentro de la democracia.

La consecuencia de que el “NO” obtuviera más votos se traduce sencillamente en que los acuerdos de la capital cubana no valen, no tiene validez ninguna. Pero debatidos con las ideas del “NO” pueden revivir en búsqueda de la paz real que necesitamos todos los colombianos.

Flaco favor al país hacen los “pacifistas” al decirnos ignorantes, guerreristas, enemigos de la paz. Todos queremos el fin del conflicto, pero no como el presidente Juan Manuel Santos lo planteó, esto es, solo aceptando las exigencias de la guerrilla y no defendiendo la Constitución, como es su deber.

Cambios o puntos a renegociar tengo estos, por ahora en sede de justicia transicional:

  1. Los acuerdos traen una libertad inmediata e incondicional para miembros de las Farc, pero no para los militares mientras son investigados, juzgados y sentenciados. Eso debe equipararse porque no hay razón para tal diferencia.
  2. En la página 135 del “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera” se establece que sin importar la sanción los guerrilleros no perderán los derechos políticos. Debe quedar claro que si no aceptaron y son condenados a penas de entre 15 y 20 años perderán elegibilidad política.
  3. Si prefieren las personas que sean cobijadas por la Jurisdicción Especial para la Paz irse a un proceso de 15 a 20 años por no reconocer sus crímenes, debe existir la posibilidad de medidas de aseguramiento por delitos de lesa humanidad en penitenciaría ya que ni siquiera la posibilidad de penas bajas y no cárcel los convenció a confesar.
  4. En las penas de cinco a ocho años no debe haber rebajas o beneficios adicionales. Debe cumplirse totalmente por condenas de delitos de lesa humanidad.

Si se toma nota, si las Farc no se mantienen en su pequeñísimo mundo y muestran grandeza para aceptar que deben ceder en cosas importantes, y Santos deja de pensar solo en él y comienza a pensar en el país, podemos encontrar ahora sí el mejor acuerdo posible. Eso sí, desde que Armando Benedetti guarde silencio.

P.D.: Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del “NO”, con sus imprudentes declaraciones entregadas al diario La República puso un manto de duda sobre el triunfo del pasado domingo. No conozco al doctor Vélez, pero se me antoja que por querer cobrar algo que él no hizo se tiró en más de 6,4 millones de colombianos que votaron por el “NO”.

En la cabeza de alguien sensato no puede caber la idea de vender a quienes supuestamente financiaron la difícil campaña. Sobre la estrategia dijo que “descubrimos el poder viral de las redes sociales. Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de porqué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla. Yo la publiqué en mi Facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas”.

A ver: si entiendo bien, Vélez está cobrando por “su estrategia” seis millones de votos del domingo pasado. Me imagino que el hombre se dijo para sí: “todo el mundo figurando y a mí nadie me da el crédito y ni siquiera me entrevistan”. No se preocupe doctor Vélez que ahora todo el mundo lo está buscando para entrevistarlo. Con razón todos los del Centro Democrático lo desautorizaron y varias de las empresas que él mencionó como financiadoras de la campaña lo desmintieron. El pez muere por la boca, doctor Vélez.

Poco o nada significaron los esfuerzos por hacer ver el “maravilloso” acuerdo como algo positivo para el país, pues no señores, ¡al “NO”, no le gusta la mermelada!!!!!!

 

@CancinoAbog