En varios escenarios, como desayunos, reuniones y foros, escuché a muchos  académicos y políticos de diversas profesiones inclinados a la defensa de lo ocurrido en Cuba con el famoso acuerdo final para la terminación del conflicto colombiano.

Ellos, los académicos y políticos, estaban seguros de su deber de defender dos puntos que dejan ver lo convencidos que están de que las Farc tienen dignidad, que fueron extremadamente condescendientes con el país y que esa conducta magnánima se plasma en un documento sometido a plebiscito el pasado 2 de octubre.

El primer punto radica en que un gesto de grandeza sería permitir implementar los acuerdos de La Habana entre Santos y las Farc sin importar el resultado electoral. No han entendido que ganó el “NO”, que ningún votante del “NO” ha salido a decir que votó engañado, obligado o coaccionado –excepción clara está Juan Carlos Vélez- que con afirmaciones que no corresponden a la verdad y por mojar prensa nos hizo un daño incalculable a los que decidimos votar libremente por el “NO”.

Por el contrario, muchas personas que votamos hemos sentido alivio al ver que los mal llamados acuerdos –mejor llamados imposiciones cubanas– se pueden y deben corregir para beneficio del colombiano decente, del colombiano trabajador, del colombiano que, sin haber cometido jamás una infracción a la ley, no tiene trabajo, paga impuestos, no tiene acceso a los subsidios ni a emisoras o a cualquier otro beneficio que ahora se les concederá a los delincuentes más peligrosos del mundo. El “NO” ganó y eso implica una reformulación de fondo, no un maquillaje a lo que dejamos sin vida el histórico 2 de octubre.

Sin embargo, es el segundo punto el que más sorpresa me causa. El representante del Centro Democrático Samuel Hoyos presentó un proyecto de ley con miras a lograr ir avanzando en beneficio de más de 3.000 guerrilleros, tendiente a lograr indultos y amnistías a quienes tienen solo delitos políticos o sujetos a esta figura.

Cuando muchos de estos defensores de la paz manifestaron que esto era una afrenta a la dignidad guerrillera, y que se quería romper la unidad de los terroristas –además que poner a la base contra la cúpula–, ese proyecto de ley habilita un avance importante en puntos en los que no hubo mayor contradicción entre el “SÍ” y el “NO”: solución a la situación jurídica de un montón de hombres y mujeres cansados de la mala vida,  cansados de delinquir y que ven en los indultos y las amnistías lo que muchos colombianos vemos o exigimos: llegar a puntos comunes,  acercarnos a acuerdos reales y estar próximos al fin del conflicto con las Farc.

Si eso es indignidad, si eso rompe la base criminal con sus cabecillas, pues al carajo la “dignidad guerrilla”, al carajo sus cúpulas. El país necesita soluciones y son estas posiciones las que impiden los acuerdos, no las posiciones de quienes votamos por el NO.

¿Dignidad? ¿Grandeza? ¿Acuerdo ya? Pues respeten la dignidad del que no ha delinquido. La grandeza es modificar acuerdos y reconocer que cometieron graves delitos y merecen castigos los delincuentes de lesa humanidad. Cuando eso suceda tendremos acuerdos ya.

Dignidad es permitir a la base guerrillera resolver sus situaciones en beneficio del país. Grandeza es no decir que se rompe la unidad. Esa ley o cualquier otro mecanismo lo que permite es a la base guerrillera usar las amnistías y los indultos para organizar su vida y regresar al seno de sus familias y contribuir a la paz del campo y de las ciudades. Así que bienvenida esa ley y adoptémosla ya.

P.D. 1: El presidente Juan Manuel Santos no deja de sorprendernos, en este caso para mal del país. Le dio por irse para la Casa Real de Inglaterra a tratarnos mal a la mayoría de los colombianos, a los que votamos por el “NO”. El mandatario aseguró que el plebiscito fue derrotado porque la oposición acudió a mentiras y engaños. Presidente, aquí entre nos: casi 6,5 millones de colombianos le dijimos a usted y a las Farc que no estábamos ni estaremos de acuerdo con los tales acuerdos de La Habana. Presidente, le sigo hablando en voz baja: la ropa sucia se lava en casa y no queda bien que un “estadista” de su estatura vaya al exterior a hablar mal de Colombia. Presidente, un último comentario a su oído: usted es Nobel de Paz y, aunque no sé con certeza a qué equivale eso, tengo entendido que es algo muy importante. Es más, no falta quien haya dicho que usted nos metió en el cuento del proceso de paz con las Farc por su obsesión de ganarse esa distinción que creo don Alfred Nobel.

2: Que están esperando los caballeros del Eln para liberar cuanto antes a cada una de las personas que estan privadas de la libertad y al político chocoano Odín Sánchez Montes de Oca. Su familia ya pagó por su liberación. No sean descarados señores guerrilleros. No se hagan coger más pereza del pueblo colombiano.

@CancinoAbog