Durante la crisis del coronavirus, la alcaldesa de Bogotá ha demostrado ser una perfecta demagoga y una campeona indiscutible de la politiquería y la corrupción. 

Acude a los medios de comunicación a amenazar y desafiar al presidente de la República, en un tono altanero propio de los barriobajeros. Saca provecho de las redes sociales para plantear debates innecesarios, cayendo en el imperdonable error de estimular la lucha de clases a través de expresiones cargadas de resentimiento, como aquello de que los ricos quieren reactivar sus industrias poniendo en riesgo la vida de los trabajadores pobres.

La consistencia argumentativa no existe en el entramado mental de la señora López. Su probada incapacidad para controlar sus impulsos y contener sus emociones, la convierten en una administradora errática cuyas ejecutorias muchas veces van en contravía de sus palabras o resoluciones. 

Desafortunadamente, no existen las condiciones para plantear un debate sobre la salud mental de la alcaldesa de Bogotá. En las democracias maduras, los dirigentes deben probar ante los gobernados gozar de buena salud. Ese no es el caso en Bogotá, pues cualquier propuesta respecto de adelantar una evaluación clínica de Nayibe, va a ser malinterpretada y utilizada por ella como un elemento para alegar que está siendo víctima de persecución por parte de sus opositores. 

Desde el mismo instante en que se decretó la cuarentena en Bogotá, la propia alcaldesa fijó unas condiciones rigurosas para efectos de mantener la distancia social de las personas. Estableció el ridículo “pico y género”, obligando a los hombres y las mujeres a salir en diferentes días. Igualmente, ordenó expresamente que solo un miembro del hogar pueda ir a comprar los alimentos de la familia. 

Al parecer, las órdenes de Claudia Nayibe no son vinculantes para ella, de acuerdo con los videos que empezaron a circular en las últimas horas. Uno de ellos, muestra a la alcaldesa muy contenta paseando por alguna loma de Bogotá, en compañía de su esposa, la senadora Angélica Lizbeth Lozano. Ese video genera indignación, habida cuenta de que la propia alcaldesa ha dicho sistemáticamente que la cuarentena no es sinónimo de vacaciones y no es, tampoco, un tiempo para que los bogotanos puedan ir a pasear. Mientras millones de capitalinos soportan con estoicismo el encierro en sus casas, la alcaldesa sale a pasear con zapatos deportivos por las montañas de la ciudad, en compañía de su pareja. 

El decreto 106 del pasado 8 de abril, emitido por la alcaldía mayor de Bogotá, ordena que solamente una persona del núcleo familiar puede salir a comprar productos de primera necesidad, como los alimentos.

Dicho ordenamiento, no exceptúa a la alcaldesa ni a su esposa, la senadora Lozano. Igualmente, en la norma se indica que para evitar que haya aglomeraciones, se mantenga una distancia de por lo menos 2 metros entre las personas.

Como si las imágenes del paseo rural de la alcaldesa y su pareja no fueran suficientes, apareció otro video de la mandataria de los bogotanos haciendo fila en un supermercado junto a su pareja. Conclusión: las normas emitidas por la alcaldía aplican para todos, menos para quien las dicta. 

La explicación dada por la esposa de Claudia Nayibe, la senadora Lozano, es un insulto a la inteligencia y un verdadero desafío a la comunidad. Ante la oleada de cuestionamientos, la congresista escribió en su cuenta de Twitter que “El sábado 18 de mayo [abril] saqué al perro aprox. 9 pm. Frente al supermercado que es muy cercano a la casa vi el carro, subí al perro y entré a ayudar a sacar los paquetes de las compras”.

Independiente de la situación, la orden es clara y es evidente que la alcaldesa y la primera dama de la capital se pasan por la faja la cuarentena, creyendo que ellas están por encima de las normas. Algo parecido hicieron cuando ellas, que tenían una sociedad conyugal de hecho, resolvieron aspirar al Congreso -Nayibe al senado y Angélica a la Cámara de Representantes- a pesar de que aquello era una incompatibilidad. Fueron demandadas ante el Consejo de Estado, tribunal que miró para otro lado, no quiso ir al fondo del asunto y negó la legítima y muy probada pretensión del demandante. 

Habrá que ver qué explicación -si se atreve a darla- saldrá de la boca de la desenfrenada alcaldesa de la capital de la República. Pero lo cierto es que lo bogotanos ya están perfectamente notificados: las reglas de la cuarentena no aplican para Claudia Nayibe, su esposa y, por supuesto, el perrito de la pareja. 

@IrreverentesCol

Publicado: abril 27 de 2020