El 23 de enero significa una fecha más que especial para los venezolanos. Casi, como un segundo grito de independencia, se celebra la caída de la dictadura de 1958. Hoy, más de medio siglo después, vemos como ese mismo día renace la esperanza de libertad para un País absorbido por el chavismo.

Acudiendo a la Constitución Nacional, esa misma que Chávez creó en 1999 para perpetuarse en el poder, Juan Guaidó, un joven congresista que asumió la Presidencia de la Asamblea Nacional, se posesionó como Presidente interno de un País que no resiste un solo día más de Maduro en el poder.

Porque, siendo realistas, la situación es sencillamente insoportable. Hambre, desabastecimiento, sin medicamentos ni prácticamente ningún servicio esencial para vivir, la dictadura chavista ha forzado a un pueblo inocente a vivir en las peores condiciones a los que se han quedado, mientras obliga a millones a exiliarse en otros países de la región en busca de algún sustento para vivir.

Por eso, lo sucedido esta semana abre la puerta al tan esperado cambio. Ya Estados Unidos y la mayoría de los países de la región han reconocido a Guaidó como Presidente legítimo de Venezuela, quien ahora, fundamentalmente, deberá lograr el apoyo de las Fuerzas Militares de su País para lograr terminar de una buena vez por todas con la dictadura criminal de Nicolás Maduro. 

Una tarea para nada fácil pero sumamente necesaria que requerirá de la absoluta e inquebrantable determinación y contundencia de este gran líder venezolano.

Por ello, hoy aprovecho esta columna para escribirle a usted, Presidente Guaidó, desde miles de kilómetros de distancia, con la profunda convicción que su firme actuar iluminará el camino para una Nación que ha tenido que sufrir injustamente la infamia del socialismo y que en estos momentos de dificultad ve en su carácter una luz de esperanza.

Por supuesto que vendrán eventos difíciles. Seguramente Maduro intentará encarcelarlo a través de la justicia chavista o quién sabe a qué otra patraña acudirá para intentar detenerlo, pero tenga la seguridad que las grandes transformaciones políticas nunca han sido sencillas y requieren de un heroico patriotismo que pocos hombres tienen la capacidad de encarnar y que, en este momento, el destino ha puesto en sus hombros.

Señor Presidente, todo el mundo libre tiene los ojos puestos en usted. Llegó la hora que el tan anhelado cambio que lleve a Venezuela a la libertad se produzca. Que Dios lo proteja y le dé la fortaleza para rescatar a un pueblo que ha sufrido demasiado y que quiere recuperar a su amada Patria de las garras de la mafiosa cúpula chavista. 

¡Adelante Presidente!

@Tatacabello