El gobierno presiona y preconstituye razones para justificar un desconocimiento del plebiscito e imponer los acuerdos a la brava.

Háganlo ya. Esa es la consigna con la que el gobierno viene acosando a los voceros del NO, luego de la insospechada victoria de aquel sector en el plebiscito del 2 de octubre. Creyendo que el NO se convirtió en Gobierno, los enviados de Santos en tono altanero e impaciente, se han dado a la tarea de depositar toda la responsabilidad del futuro del proceso de paz en manos de la oposición, cuando era al gobierno al que le correspondía tener listo un “plan B” en caso de que el plebiscito, como en efecto sucedió, se hundiera.

Las reuniones que hasta ahora se han llevado a cabo han sido puramente retóricas y enunciativas. Mucha charla y pocos, poquísimos resultados. La posición del gobierno es que al acuerdo se le pueden hacer algunos retoques, desconociendo que el mismo no existe ni jurídica ni políticamente, razón por la que es perentorio hacer uno completamente nuevo. Para rematar, el presidente Santos ha anunciado que oirá a la oposición hasta el día jueves 20 de octubre, poniéndole una “fecha fatal” a la recomposición del acuerdo imporbado en las urnas.

Nadie medianamente sensato podrá siquiera creer que un acuerdo que tardó años confeccionándose puede ser cambiado en cuestión de días. Ahora, el asunto no es del resorte de la oposición. Esta se limita a proponer los cambios que reflejan el sentir ciudadano que mayoritariamente votó por el NO y es al gobierno y a sus contertulio de La Habana los que deberán decir si los acogen o no. Así de sencillo.

Desde el 2 de octubre, hemos visto a un gobierno desubicado y manipulador. Un gobierno que evade la responsabilidad política de la derrota democrática.

El asunto no se soluciona promoviendo y financiando multitudinarias marchas ciudadanas porque la ratificación de los acuerdos no se produce llenando la Plaza de Bolívar sino concurriendo a las urnas y ese procedimiento ya se cumplió, dando al NO como ganador.

La solución tampoco está en mostrar a los 6.5 millones de colombianos que votaron contra los acuerdos, como los “malos de la película”. Santos convocó a todo el país para que le avalara con su voto el pacto con las Farc y este le respondió con una fuerte dosis de realismo: el pueblo no quiere que las Farc sean receptoras de un acuerdo tan generoso, con elevadas dosis de impunidad y agresivamente desafiante en materia de participación política de los jefes terroristas que estuvieron incursos en delitos de lesa humanidad y narcotráfico.

El brete en el que está metida Colombia se supera rápidamente si las Farc, en un acto de realismo, reconocen que el país sí quiere la paz, pero no de la forma ni bajo las condiciones que ellos quieren. Acá, las condiciones para la reconciliación son otras.

Si la guerrilla acepta los cambios que se proponen desde la orilla del NO, esto en cuestión de minutos quedaría destrabado.

¿Va a ser asi? Claramente no. Acá confluye otro elemento: el odio que la guerrilla profesa hacia los principales voceros del NO, en concreto el presidente Uribe y el exprocurador Ordóñez. En las últimas horas, a través de la red social twitter, alias Iván Márquez ratificó su desprecio por el exmandatario al escribir que “el verdadero pastor de los cristianos es Jesús, no Uribe. El primero predica el amor, la paz y el perdón. El segundo, el odio y la violencia”. A él se sumó el jefe terrorista alias Pablo Catatumbo quien la emprendió contra Alejando Ordóñez al publicar que él “avaló perspectiva de género en varios documentos oficiales siendo Procurador. Su fanatismo no es más que pura politiquería”.

La fractura en el seno de la sociedad es grande y requiere buscar el mayor número de consensos posible. Es una tarea lenta y quizás dispendiosa que requiere de tiempo, compromiso y paciencia. Por eso, flaco favor le presta a esa tarea la actitud acosadora y poco constructiva de los voceros del gobierno que parece que no han entendido que el pueblo no respaldó el desproporcionado acuerdo que durante 6 años hicieron en La Habana.

@IrreverentesCol