A pesar de recibir un país devastado, como si le hubiese pasado por encima un huracán de inmoralidad, que no solo lo dejo sumido en la terrible violencia del narcotráfico, increíble y soterradamente auspiciada por el Estado (ya que el acuerdo de La Habana lo exigía), sino la casi destrucción de las instituciones, y una situación de casi un Estado fallido, que deja toda una nación en situación de ruina física y moral.

A pesar de que reponer el daño causado tomará muchos años, el presidente Duque llega para quedarse y medírsele a tamaño reto. Solo un hombre de su juventud, temple y conocimiento puede asumir semejante compromiso.

Uno no puede negarse al regreso y la alegría de la decencia, y sobre todo a la de un buen gobierno y un sereno y decoroso mandamiento político. Colombia recupera con Duque la seriedad de sus instituciones otrora enmarañadas en las engañifas y los comportamientos mafiosos.

Solo en un año de gobierno lo que el presidente Duque le ha devuelto al país es muy valioso: el manejo acertado, independiente y moderado de los otros poderes políticos: el congreso a pesar de estar lleno de ciertas alimañas, aprende de buenos modales (a las buenas o a las malas, pero aprenden).

El aparato judicial antes cooptado, se auto destruye y revela su verdadero estado de putrefacción y los jueces saltan como ratas en un barco que se les hunde. Contando el presidente Duque con la muy buena providencia que lo dejado por Juan Manuel Santos (no puedo llamarlo presidente, no me sale la voz) se cae a pedazos, sin que nadie lo toque, y cae por el propio peso de sus errores y maledicencia.

La JEP se derrumba y se auto inmola con su pésimo manejo jurídico. Los verdaderos jefes de la Farc se devuelven a la guerra, después de nombrarlos honorables congresistas y de perdónales aberrantes violaciones a niños y demás crímenes de lesa humanidad, porqué fueron sorprendidos por la inteligencia militar haciendo todavía negocios de venta y exportación de cocaína. 

Sin embargo el corazón grande del presidente acoge con benevolencia a los pobres e ignaros guerrilleritos amnistiados, víctimas del manejo despiadado de sus crueles jefes.

Los dos mejores amigos de Santos (Maduro y Castro) los esconden y protegen en Venezuela y Cuba, desde donde perpetran toda clase de delitos. Poco a poco, con mucha discreción el presidente se reafirma como un gran demócrata de corazón grande y mano firme, y como dicen en mi tierra con su “nadadito de perro” confirma que tiene un alto sentido de la autoridad y una enorme y envidiable inteligencia emocional.

Por eso Duque llegó para quedarse y habrá que reformar la constitución nuevamente para volver a la reelección. Un hombre de ese talante y preparación no se puede ir tan rápidamente, sería un desperdicio. Además Colombia es de los pocos países demócratas donde no existe la reelección.

@rodrigueztorice

Publicado: septiembre 19 de 2019