En Venezuela hay más de cuatrocientos presos políticos. La semana pasada liberaron a uno de ellos. Tal vez por su juventud y porque siendo madre sentí el dolor de la suya, Lorent Saleh me tocó la más íntima fibra emocional.  

Fueron muchas palabras las que le dediqué durante estos últimos cuatro años. La forma violenta e irracional como le fue arrebatada su libertad con la anuencia del gobierno Santos indignó a millones de personas. De manera ingenua Lorent llegó a Colombia pensando que aquí, en un país libre, podría encontrar refugio de un régimen asesino que lo había convertido en objetivo militar por atreverse a denunciar los horrores que ahí ocurrían bajo las narices de toda la comunidad internacional. Lo que nunca se imaginó fue que Santos, a cambio de una pieza del rompecabezas que lo convertiría en Nobel, lo entregaría como quien ofrece un sacrificio humano para apaciguar la furia de un volcán.

Ese volcán voraz, que se traga las esperanzas de los venezolanos, el dictador Nicolás Maduro, ese mismo que haría todo lo que tuviese a su alcance para no ceder el poder se convirtió en el torturador de Lorent. Lo recluyeron en una celda gélida, donde le robaron la noción del tiempo, el oxígeno puro, la sensación del sol y los abrazos de su madre. Y es a esa madre, Yamile a la que le quiero dedicar ahora mis palabras. 

Yamile, yo también soy madre. Es por eso que se cómo se siente el verdadero primer amor, ese que nace el mismo día que nuestros hijos llegan al mundo. También sé que ese gran amor llega acompañado de una gran responsabilidad. Nosotras nos sentimos obligadas a cuidar a nuestros hijos hasta el último día de nuestras vidas. 

Durante estos últimos cuatro años traté muchas veces de ponerme en tu pellejo, yo sabía que tú hubieses dado tu vida por proteger a la de tu hijo.  Estoy segura que en las noches se te dificultaba conciliar el sueño, cómo poder dormir tranquila sin saber si tu hijo al que tantas veces arropaste cuando era niño tenía frío. Seguramente tampoco pudiste volver a comer tranquila, porque no sabías si tu hijo estaba comiendo. Apuesto que cada bocado te recordaba a él. Me imagino también que te sentiste culpable las veces que lograste sonreír porque es imposible ser feliz mientras tu hijo no lo sea. 

Cuando pensaba en ti también pensaba en otras madres, como las esposas de los dos presidentes que sellaron la terrible condena de tu hijo. Yo no sabía si en algún momento la ex primera dama María Clemencia de Santos le habría reclamado a su esposo por lo que hizo, yo sé que lo hubiese hecho en su lugar, y tal vez no le hubiese podido mirar la cara de nuevo. Porque un hombre que es capaz de infligir tanto dolor en una persona y su familia es capaz de todo. Yo no entendía cómo el matrimonio Santos podía celebrar cualquier acontecimiento de sus hijos mientras el hijo, que se convirtió en el símbolo de muchos hijos torturados por el régimen de Maduro estaba en prisión. La esposa de Nicolás Maduro, madre de tres hijos también tuvo que sentir lo mismo que sentimos nosotras cuando nacieron sus hijos. Seguramente ella también sintió ese profundo amor. Es por eso que se me escapa a mi imaginación cómo puede estar al lado de una persona que con una sola palabra puede causar tanto daño… yo no podría. 

Yamile, hoy después de tantos años tienes entre tus brazos la recompensa de tu lucha. Pudiste volver a abrazar a tu hijo, algo que muchas madres aún no han podido hacer. Es por eso que te pido, que disfrutes de su compañía, que repongas el tiempo perdido pero que no dejes de luchar. Así como tu hijo se convirtió en un símbolo tú también lo eres. 

@ANIABELLO_R

Publicado: octubre 26 de 2018