Uno de los objetivos más importantes de este año es el de garantizar que la alcaldía de Bogotá quede en manos de la persona indicada. Es sabido que la agresiva Claudia Nayibe López aspirará a ser el reemplazo de Enrique Peñaloza. En la extrema izquierda también están el exterrorista del M-19 Antonio Navarro y el petrista Hollman Morris, reconocido por ser el “documentalista” de cabecera del jefe de las Farc, alias Raúl Reyes.

En el Centro Democrático, la candidatura de mayor seriedad y credibilidad es la del brillante excongresista, Samuel Hoyos, quien hizo un trabajo maravilloso en la Cámara de Representantes. Es, de lejos, el más preparado y serio de los aspirantes uribistas. Además de gozar del respaldo decidido de la inmensa mayoría de la bancada parlamentaria, Hoyos tiene asegurado el respaldo de buena parte de la base electoral uribista de la capital colombiana que reconoce en él a un dirigente político con aplomo y capacidad suficiente para administrar a Bogotá, ciudad que bajo ninguna circunstancia puede volver a caer en manos de la izquierda, tendencia ideológica corrupta que además de saquear las arcas capitalinas, introdujo a la ciudad en una dinámica nefasta de lucha de clases.

El Centro Democrático debe ir a la fija y para ello tiene la obligación de seleccionar al candidato más calificado: Samuel Hoyos. 

Sus rivales dentro del CD son personas sin talante ni talento, particularmente el actual concejal Diego Molano, un sujeto que fue funcionario de Santos, como cuota política de Luis Alfonso Hoyos, conocido como el “director espiritual”. 

Siendo director del ICBF en el primer gobierno de Santos, Molano manejó el presupuesto de aquella entidad con total y absoluta irresponsabilidad, llegando al extremo inaudito de regalarle un contrato multimillonario a la impostora Natalia Lizarazo García -conocida comercialmente como Natalia Springer Von Schwarzenberg- para que hiciera un “estudio” sobre el reclutamiento de menores. 

Natalia Lizarazo o Natalia Springer, favorecida por Diego Molano

El trabajo de Springer llegó a una conclusión insólita: que el fenómeno del niñopropiciaba el reclutamiento forzado de menores por parte de los grupos armados ilegales. Ante semejante monstruosidad, Molano, en vez de denunciar penalmente a Springer por estafa, resolvió pagar el monto del contrato, sin decir una sola palabra. 

Lo cierto es que el alcalde de Bogotá debe ser una persona seria, trabajadora y honorable, tres características que Samuel Hoyos tiene de sobra. Así las cosas, hay que empezar desde ya a ambientar su candidatura, brindarle todo el apoyo que requiera y trabajar mancomunadamente para lograr que en octubre de este año Hoyos sea elegido como el próximo alcalde de Bogotá.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 16 de 2018