Desde que tomó posesión del cargo de ministro de Defensa, a finales del año pasado, el doctor Carlos Holmes Trujillo ha estado en la mira de la extrema izquierda. Lo ven como un riesgo, fundamentalmente por su evidente aspiración presidencial en 2022.

Igualmente, Trujillo es un hombre que ha mostrado coherencia y verticalidad en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Su trayectoria política es prueba suficiente de su talante. 

No muchos políticos colombianos pueden decir que han estado décadas enteras en la vida pública sin haber sido citados por un organismo de control o hayan terminado enredados en una investigación penal. 

Carlos Holmes es uno de ellos. Más de 35 años de carrera, 4 ministerios y un número importante de embajadas a su haber, sin un escándalo a cuestas. Sin temor a errar, la del ministro de Defensa es una hoja de vida impecable que ahora los enemigos del gobierno y de la democracia colombiana pretenden enlodar, mostrándolo como un hombre irrespetuoso de los derechos humanos. 

Nada más alejado de la realidad. 

Lo cierto es que el ministro Trujillo ha enfrentado con verticalidad al crimen en todas sus manifestaciones posibles. Desde que ocupó la cancillería exploró con el gobierno de los Estados Unidos todos los mecanismos posibles para hacerle frente a la trágica situación de los cultivos ilícitos en nuestro país. 

Ahora, al frente de la cartera de Defensa, sabe como pocos que indefectiblemente hay que retomar la fumigación aérea. Probado está que la aspersión es la única herramienta eficaz en la lucha contra la coca. La erradicación manual, claro que es útil, pero resulta dispendiosa y muy poco eficiente. 

Así mismo, Carlos Holmes ha atendido con la diligencia debida la situación de vandalismo generada por las hordas extremistas que, estimuladas por el hampa y por sectores neocomunistas al mando de Gustavo Petro y demás agitadores alevosos, amedrentan a millones de colombianos.

Está probado que la izquierda tiene el propósito de causar una descomunal conflagración social en el país como abrebocas de las elecciones presidenciales del año 2022. Para ello, se han organizado y puesto en marcha operaciones delincuenciales coordinadas, como las que se vieron en la capital de la República, cuando estaciones y centros de la policía nacional fueron brutalmente atacadas con bombas incendiarias.

Se pudo establecer que esas acciones demenciales, contaron con el respaldo decidido de los grupos terroristas Farc y Eln, organizaciones que claramente ven con buenos ojos la candidatura presidencial de Petro y con angustia y preocupación un posible gobierno en cabeza de Carlos Holmes Trujillo García. 

Nadie puede negar las equivocaciones y las situaciones que se han presentado. Los hechos que rodearon la muerte de Javier Ordóñez son lamentables, pero en ningún caso estamos ante una acción deliberada ni mucho menos un acto que responda a una política sistemática de agresión a la población civil por parte de la Fuerza Pública, como pretenden hacer creer voceros de la infame izquierda colombiana.

Bienvenido el debate que se pretende adelantar contra el ministro Trujillo. Será una bella oportunidad para que la mayoría del Congreso de la República le extienda una merecida felicitación por la transparencia con que ha manejado el ministerio de Defensa y por la contundencia con que ha enfrentado al vandalismo, a la mafia y al terrorismo, tres sectores de la criminalidad íntimamente ligados con quienes buscan sacar adelante la moción de censura contra ese gran funcionario que es, de lejos, el ministro estrella del gobierno de Iván Duque. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 5 de 2020