Cuando comenzó Facebook, como muchas otras personas, me puse en la tarea de buscar a las personas que en algún momento de mi vida fueron especiales y que por alguna circunstancia u otra había perdido el contacto con ellas. Como pasé parte de mi adolescencia en Canadá porque a mi padre le dieron un cargo diplomático en ese país le dediqué un tiempo a recuperar esas viejas amistades. Una de las amigas que nunca pude encontrar fue a la hija del Agregado Militar de la Embajada, un hombre bondadoso al que todos en mi familia recordamos con mucho cariño, el Coronel Morales. Claudia, su hija, se convirtió en una constante compañera de juegos para mi hermana Silvia y para mí.

El día que leí el artículo de Claudia Morales me llevé una gran sorpresa cuando caí en la cuenta de que la periodista y mi querida amiga de infancia eran una misma persona. Me sentí profundamente triste por ella, ninguna mujer debería pasar por lo que ella pasó y tratándose de una persona a la que le tuve tanto cariño profundiza aún más mi tristeza. Entendí sus razones para querer hablar de lo que le sucedió sin entrar en detalle de la identidad de “Él”, como ella se refiere a su agresor. Tan lo entendí que lo primero que me nació hacer fue enviarle un mensaje de apoyo por Twitter a sabiendas de que probablemente se perdería entre los centenares de notificaciones que seguramente recibe. Después de eso hice lo que la mayoría de personas hicieron, buscar su trayectoria profesional en internet para saber quienes habían sido sus jefes. Cuando vi el nombre de Álvaro Uribe Vélez supe lo que se iba a venir, nuestros contradictores políticos se aprovecharían de la duda que sembró Claudia al no identificar a su agresor, para disparar sin misericordia contra el blanco preferido de muchos en este país.

Yo entiendo y defiendo el derecho que tiene Claudia de no identificar a su agresor hasta el momento en que ese derecho viola el derecho de un grupo de personas a su buen nombre. Recordemos el principio del derecho que dice que mi derecho llega hasta donde empieza el derecho del otro. Y es que durante los días siguientes a la publicación del artículo a muchos colombianos se les ha despertado el Sherlock Holmes dormido para tratar a través de “pistas” identificar al agresor. Como estamos en época preelectoral y Álvaro Uribe pasó de ser el mejor presidente de la historia al mayor opositor del gobierno Santos y de su proceso de paz se ha convertido en el culpable conveniente para sus opositores.

Es por eso que le quiero hacer un llamado a Claudia para que deshaga el daño que ha hecho. Porque uno en calidad de víctima no puede darse el lujo de convertirse en victimario. Los exjefes que nada tuvieron que ver en esa horrible, horrible, horrible violación tienen derecho a que su nombre no esté vinculado con ese acto. En este momento lo único que es seguro es que mientras que los justos están en la mira, el pecador goza del total impunidad y permanece en el anonimato.

Yo conozco a Álvaro Uribe Vélez, soy una de las 59 personas que llamó a acompañarlo en la candidatura al Senado de la República. Su trato conmigo siempre ha sido de absoluto respeto y me atrevo a meter la mano en el fuego por él. El dolor que sentí por mi amiga de la infancia ahora lo estoy sintiendo por Uribe y su familia porque no hay derecho a tanta infamia.

@ANIABELLO_R

Publicado: enero 26 de 2018