Se avecina el fin de año y en una cárcel militar del norte de Bogotá continúa detenido el general Jesús Armando Arias Cabrales, quien está condenado a 35 años de prisión por la operación militar que culminó con la recuperación del Palacio de Justicia, tomado a sangre y fuego por la guerrilla del M-19 en noviembre de 1985.

Las nuevas generaciones, entre las cuales me incluyo, no conocemos a ciencia cierta lo que representó el general Arias para el estamento militar. Sin embargo, solo basta revisar algunos textos o periódicos para percatarse de que fue una de las figuras más destacadas en la década de 1980, llegando a ocupar el cargo de Comandante del Ejército y Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Militares.

Los buenos comandantes son los que hacen gala de sus grandes virtudes con y sin el uniforme. A los cerca de 40 años que el general Arias sirvió dentro de las filas del Ejército, se suman los más de 9 años que lleva preso por cuenta del proceso judicial que hasta la fecha se adelanta en su contra. Podemos hablar, entonces, de 50 años entregados por completo a la causa militar.

Me duele profundamente constatar la situación en la que se encuentra el general Arias Cabrales en la actualidad. En una decisión valerosa que todos respetamos, optó por no acogerse por ahora a la denominada Jurisdicción Especial de Paz, con la esperanza de que la Corte Suprema de Justicia resuelva favorablemente su caso en el trámite de casación. Esto le significa al general permanecer preso indefinidamente hasta que la Corte se digne pronunciarse, lo cual puede prolongarse hasta el año entrante. Recordemos que quienes sí se han acogido a la JEP, ya se encuentran en libertad.

Con el reciente fallo de la Corte Suprema en el caso del bombardeo de Santo Domingo, el cual condena a los pilotos de la Fuerza Aérea involucrados, he llegado a preguntarme si el sacrificio del general Arias es en vano. Está demostrado con creces que la justicia ordinaria pocas veces escucha los argumentos de la defensa de los militares, cuyas garantías judiciales son una mera formalidad.

Lo cierto es que faltan pocos días, antes de que empiecen las vacaciones judiciales, y eso significa que de no producirse un fallo en el caso del general Arias, éste tendrá que pasar una navidad más en la cárcel junto a su familia. Ese es el espíritu de reconciliación de nuestras altas cortes que mientras bendicen el régimen de impunidad diseñado para las Farc, continúan torturando a nuestro militares y policías con sus fallos y silencios infames.

En lo que a mí respecta no estoy dispuesto a ver cómo un digno oficial del Ejército Nacional muere a pedazos en un centro de reclusión militar ante la mirada pasiva y hasta complaciente de sus conciudadanos. Esta semana adelantaré un conjunto de acciones para solicitar a la Corte Suprema un fallo pronto y en derecho para el general Arias o, en su defecto, le recomendaré al general que reconsidere su decisión de no acogerse a la JEP, de tal manera que podamos preparar su defensa en libertad.

@jjUscategui

Publicado: noviembre 27 de 2017