Con total transparencia y tranquilidad, desde Roma el presidente Duque cerró cualquier posibilidad de ampliar su mandato, tal y como lo propuso el presidente del Senado, Ernesto Macías.

Uno y otro tienen razón en su planteamiento. Macías entiende que un cuatrienio es muy poco tiempo para un gobierno que se ve paralizado por el galimatías burocrático y por la entrada en vigor de la denominada ley de garantías, meses antes de cada certamen electoral, norma que literalmente paraliza la ejecución presupuestal en la nación.

Fue un error haber acabado con la reelección. Los buenos gobiernos deben tener la oportunidad de continuar. Es claro que Santos no ganó en franca lid las elecciones de 2014, cuando a punta de mermelada y de dinero de Odebrecht pudo comprar su victoria. Pero aquel episodio no puede convertirse en una talanquera para que a futuro las buenas administraciones queden condenadas a durar únicamente 4 años.

En aras de enmendar esa falla, Macías, que está comprometido con la unificación de los calendarios electorales, planteó la posibilidad de ampliar un año el mandato de Duque, para que en 2023 se elija nuevo presidente, nuevos congresistas, nuevos gobernadores, diputados, alcaldes, concejales y ediles.

Pero el presidente Duque entiende que aquella buena iniciativa puede ser interpretada como un cambio en las reglas de juego, razón por la que durante su visita al Vaticano se pronunció al respecto aseverando que el amplísimo mandato ciudadano que le fue otorgado en las elecciones de este año fue única y exclusivamente por 4 años. Así las cosas, el 7 de agosto de 2022, el presidente Duque dejará el poder, tal y como establece la Constitución.

Pero aquella decisión, que es inmensamente respetable, no soluciona el problema a futuro. El país está en mora de entender que los mandatos gubernamentales de 4 años son insuficientes.

En ese sentido, el congreso, que hace las veces de constituyente derivado, tendrá que pensar en distintas alternativas que sean aplicables a partir de 2022, ya sea la reincorporación de la reelección inmediata o el establecimiento de periodos presidenciales de 5 o 6 años.

Respecto de los gobernadores y alcaldes, sucede exactamente lo mismo. los departamentos y las grandes ciudades necesitan de mandatos mucho más amplios para que los planes de gobierno presentados puedan ser ejecutados a cabalidad y sin tropiezos. Así como en el gobierno nacional, las administraciones locales quedan perfectamente paralizadas por cuenta de la paquidérmica ley de garantías. Se pierden 6 meses de ejecución presupuestal y de contratación.

Así las cosas, obra bien el presidente Duque al rechazar la ampliación de su mandato, pero también hay que destacar que el senador Macías ha planteado un debate que es necesario y que debe darse pensando en su aplicación a partir de 2022, cuando se elegirá al próximo presidente de la República, persona que deberá estar en el poder por un periodo más largo que el actualmente establecido.

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 23 de 2018