Se conmemora el trigésimo tercer aniversario de uno de los actos de barbarie y ferocidad más execrables que se ha cometido en nuestra historia republicana: la toma a sangre y fuego del palacio de justicia por la banda terrorista M-19, organización criminal que estaba al servicio del jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar.

Con el paso de los años, los cabecillas supérstites de esa estructura delincuencial se han encargado de manipular los hechos con el fin de reescribir la historia, llegando a un punto inaudito en el que el Estado ha sido señalado como responsable de la masacre ocurrida en la máxima sede de la justicia colombiana.

El terrorista Iván Marino Ospina fue el encargado de sellar la alianza criminal entre el M-19 y Pablo Escobar, mafioso que se trazó el objetivo de aniquilar al Estado de derecho y borrar de tajo su prontuario criminal.

Precisamente el día en que un comando armado del M-19 ingresó al Palacio de Justicia, la sala constitucional de la corte suprema se aprestaba a discutir la exequibilidad del tratado de extradición suscrito entre los gobiernos de Colombia y los Estados Unidos.

Escobar, que había acuñado la frase de que prefería una tumba en Colombia que una cárcel en Norteamérica, encontró en el M-19 un aliado de primer nivel para lograr que la figura de la extradición fuera abolida, matando a todos los magistrados que debían pronunciarse sobre la constitucionalidad del tratado.

Desde el mismo instante en que los sicarios de esa banda delincuencial pisaron el sótano del Palacio de Justicia, el M-19 se constituyó en la única responsable de las muertes que se causaron por cuenta de esa acción demencial.

5 años después de la toma, el gobierno de Virgilio Barco suscribió un acuerdo con el M-19 que incluyó amnistía e indulto. Los jefes de esa estructura quedaron impunes por todos los crímenes y actos de terrorismo que ordenaron y llevaron a cabo.

Dos de sus principales cabecillas, Gustavo Petro y Antonio Navarro se convirtieron en actores políticos de la izquierda, pasando de largo ante el dolor de sus víctimas y promoviendo miserablemente procesos penales contra los militares que heroicamente participaron en la operación de recuperación del Palacio.

Hoy, mientras Petro y Navarro caminan desafiantes por las calles de Colombia, el general Jesús Armando Arias Cabrales tiene que cargar sobre sus hombros una injusta e ignominiosa condena a 35 años de prisión.

Petro y Navarro jamás han ofrecido excusas sinceras por las atrocidades cometidas en el Palacio de Justica y mucho menos han confesado su participación en los hechos posteriores, cuando buena parte de los cadáveres de quienes perdieron la vida en esa acción terrorista han sido desaparecidos y manipulados, como pudo comprobarse en el proceso judicial de otro de los militares investigados por esos hechos.

Es posible que los militares hayan cometido algunos errores con posterioridad a los combates en el Palacio, pero aquello no los convierte en criminales como se ha tratado de hacer creer en los últimos años.

No se puede perder de perspectiva que el M-19 entró al Palacio de Justicia con el propósito de someter a un juicio al presidente de la época, Belisario Betancourt. Esos facinerosos no estaban de excursión, ni de paseo. Fueron a tumbar al gobierno colombiano. Ante una amenaza de semejante envergadura, el Estado no podía cruzarse de brazos.

Cuando los miembros del comando terrorista se vieron perfectamente rodeados por la Fuerza Pública, tomaron la brutal determinación de incendiar el recinto y fusilar a los rehenes, cumpliendo la amenaza de uno de los cabecillas de la toma -Alfonso Jacquin- quien en una entrevista radial concedida durante la toma, aseguró que “acá nos morimos todos”.

Se cumplen 33 años de impunidad en un mundo en el que supuestamente los crímenes de lesa humanidad deben ser castigados. Los jefes del M-19 se aferran a la cuestionable amnistía que les concedió el gobierno liberal de Barco y las víctimas del Palacio tienen que soportar que sus victimarios continúen sin pedir perdón y sin hacer la reparación que corresponde.

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 7 de 2018