La brutalidad de los crueles y cobardes atacantes de mujeres no tiene límites. La semana pasada en Buga, una humilde y sencilla mujer, fue víctima de toda serie de lesiones originadas por la atrocidad de sus atacantes. Trauma craneoencefálico severo, trauma en tórax y abdomen, lesiones en sus partes íntimas, quemaduras de primer y segundo grado, trauma de tejidos blandos, lesiones en el pulmón derecho y rastros contundentes de agreción sexual.  Por la brutal golpiza, ella se debate hoy entre la vida y la muerte.

A través de los años la monstruosidad del maltrato y agresión a la mujer va en aumento, no porque en años anteriores no existiera, si no que porque ha sido tolerado socialmente, hasta el punto de ser mal visto que valientemente las mujeres denuncien. Dolorosamente, en el 2015 fueron 1.007 mujeres asesinadas en Colombia y denunciados 16 mil casos de violencia sexual. Bogotá, Cali y Medellín, las ciudades con más reportes de agresión contra la mujer. Y las menores de edad entre los 10 y 14 años las principales víctimas de la violencia sexual.

Es por ello, que cada año, por esta misma época, se lanzan campañas y estrategias para invitar a esa sociedad tolerante, que se hace la de la vista gorda, por aceptación o por venguenza, para que se conmueva y se atreva, masivamente, a rechazar y condenar la violencia de género.

Con base en datos globales, una de cada cuatro mujeres colombianas es víctima de violencia de género. Cada trece minutos en este país, una mujer es agredida.

Lamentablemente, aún hoy, la mayoría de los casos de agresión no son denunciados. El temor a desintegrar la familia, la dependecia emocional, la aceptación del maltrato por el ejemplo de familia en el cual se creció, la culpa, el control económico de la pareja, el temor al señalamiento en el lugar de trabajo, la preocupación por la reacción de la familia, el pánico fundado en las amenazas, el sentirse fuerte para apoyar a alguien con problemas que se niega a aceptar ayuda, son algunas de las razones que exponen las víctimas.

En la mayoría de los casos, las víctimas inician sufriendo insultos, acusaciones, comentarios degradantes, gritos, daños morales y situaciones confusas y manipuladas, y no logran facilmente ver una salida a la situación de vejación, que destruye la autoestima y las lleva a caer en un agujero negro, quedando en el máximo riesgo de pasar a recibir agresiones físicas, empujones, golpes, en ciclos que se repiten una y otra vez, por meses y por años, llegando a veces hasta el feminicidio.

No podemos continuar, en pleno Siglo XXI, imperturbables ante la situación. Las políticas públicas deben ser más contundentes, motivar y facilitar la denuncia, así como, orientar y proteger a la víctima. Desarrollar rutas y protocolos aplicados por especialistas y principalmente sembrar las bases para la educación a las familias, a los jóvenes, para romper las estruturas exclusivamente verticales que favorecen y toleran comportamientos machistas, en donde la mujer es propiedad de su pareja, como si fuese un objeto, y no un ser humano.

Por el solo hecho de ser mujeres, estamos bajo el riesgo de ser tratadas como objetos, sin ser sujetos de derechos; solo con obligaciones y expuestas a merecer las agresiones porque absurdamente los agresores piensan que las buscamos o nos las merecemos.

El 25 de noviembre tendremos una nueva movilización, será el Día que Colombia se Quedará sin Mujeres, iniciativa promovida por María Isabel Covaleda, a la cual nos convoca, para rechazar la violencia de género. Nos invita para que alcemos la voz en protesta a las atrocidades contra la mujer ocurridas día a día.

Este viernes no iremos a los lugares a donde cotidianamente asistimos, y nos preguntaremos, ¿Qué siente o vive una sociedad en donde se desaparece a cientos y hasta miles de mujeres por el solo hecho de serlo?. Asistiremos al Parque Nacional en Bogotá, y de manera simbólica entregaremos un par de tacones que simbolizan la invisibiliación de las mujeres.

Es hora de decir basta y romper con la cultura del silencio complice de la violencia de género. Invito a que apoyemos esta iniciativa, y nos unamos como sociedad para transformar los comportamientos que toleran, permiten y promueven la agresión a la mujer.

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”, ha señalado Elie Wiesel. Mientras guardemos silencio los victimarios podrán seguir maltratando, sin ninguna consideración.

@ForerohElvira