Lamentablemente, a Bogotá le tocó por destino que al primer año de gobierno de Claudia López, ya de por sí una catástrofe, se sumara otra: la Pandemia que nos ha atacado despiadadamente como especie.

La alcaldesa que se eligió con un discurso anticorrupción y antipolitiquería, una vez se instaló en el Palacio Liévano, repartió milimétricamente la torta burocrática del Distrito entre esos políticos a quienes ella decía combatir y a otros políticos, sus amigos disfrazados de anti política, les entregó los billonarios recursos de la salud para que labren su camino electoral con miras al 2022.

Ahí empezamos a ver a la verdadera Claudia, la que dice una cosa y hace otra; la que usa descaradamente la alcaldía de Bogotá como un trampolín politiquero para las elecciones del 2022, la que piensa en su acomodo personal hacia el futuro mas allá del 2022 a costillas de los bogotanos.

Al empezar el 2020, no nos imaginábamos que traería consigo una Pandemia que nos hizo recapacitar como humanidad, que nos hizo cuestionarnos si todo el desarrollo que pensábamos haber alcanzado no es nada, especialmente cuando se enfrenta a las insondables, incontrolables e inesperadas decisiones de la madre naturaleza y en medio de semejante problema, mientras nos debatíamos en la supervivencia, Claudia nos vendía humo y mentiras.

Así fue su tal “Talento y No Palanca”, que resultó ser todo lo contrario; los nombramientos y vinculaciones que se hicieron a través de ese método son un exiguo porcentaje, la realidad es que lo ejecutado fue Palanca y No Talento.

Por eso vimos funcionarios que metían la mano adjudicando millonarios contratos, que se posesionaron en sus cargos con títulos falsos o vinculaciones como la de Lariza Pizano en la Orquesta Filarmónica, que no son mas que pagos a sus compromisos de campaña.

Bogotá se ha enorgullecido de ser la ciudad en la que la cultura ciudadana jalona la convivencia y estructura la vida social de sus habitantes; en la administración de Claudia, la Secretaría de Cultura se entregó a un actor, venido a menos, del que solo hemos sabido cuando viene al Concejo de Bogotá a dormir o a jugar Candy Crush en su celular; por lo demás, sólo actuó cuando se “avispó” y favoreció en el mal llamado Plan Marshall, a 35 amigos suyos, dueños de inmuebles en los que funcionan teatros, para quitarles la carga de impuesto predial con la excusa de la Pandemia. Eso sí, cuando propuse igual tratamiento a los inmuebles en donde funcionaban restaurantes, canchas sintéticas, gimnasios y otros establecimientos, también golpeados brutalmente por el Covid, ahí si la alcaldesa dijo no: eso es solo para los amigos del dormilón; ahí vimos a la Claudia que gobierna para unos pocos, para sus amigos y no para el bienestar general de los ciudadanos.

En estos momentos de crisis sociales y globales, los lideres son fundamentales para guiar los destinos de los ciudadanos en medio de las dificultades; de las cuales, siempre hemos salido adelante como especie, trabajando unidos, dejando atrás las divisiones mezquinas para hacer  frente común a las amenazas mayores que atentan contra la humanidad y contra nuestras organizaciones sociales.

Claudia demostró que no es esa líder; en vez de unir, dividió, decidió tender una cortina de humo a su incapacidad creando un escenario de confrontación con el Gobierno Nacional para tapar con titulares, hashtags, tendencias y hasta montajes como el de la famosa emboscada de la silla vacía, su incapacidad para liderarnos en medio de la mayor crisis de salud y economía que haya sufrido nuestra ciudad.

Es desesperanzador el balance del primer año de la administración de Claudia López; en el 2020 nos demostró que es experta en incumplir promesas de campaña y en buscar siempre engañar a la opinión, sin importarle decir un día una cosa y al otro día, otra.

La vimos por ejemplo descuidando sus deberes constitucionales de autoridad de Policía, en campaña decía: “… flaco, la jefatura de la Policía no se puede delegar, seré la jefe de Policía que haga temblar a los delincuentes” y ahora, como Alcaldesa de una Bogotá que tiene miedo, que le quedó grande a Claudia y al inepto Secretario de Seguridad, Hugo Acero, dice: “El jefe de la Policía es el señor Presidente de la República, los alcaldes no hacemos parte de la cadena de mando de la Policía” https://twitter.com/kroarbelaez/status/1337113093533540354?s=21

Ese trino que ha posteado mi colega Carolina Arbeláez, lo dice todo sobre el balance de Claudia López en su primer año en materia de seguridad: Bogotá se desangra entre asesinatos, hurtos de bicicletas, de celulares, de ataques y homicidios dentro de Transmilenio, de cuerpos desmembrados, de una guerra entre bandas delincuenciales y Claudia apenas atina a echarle la culpa a la Policía o al Gobierno Nacional y, su nefasto Secretario de Seguridad se burla de todos nosotros, contratando campañas publicitarias en las que nos dice que no usemos el celular en público https://twitter.com/citytv/status/1337593848575504384?s=21 o invitándonos a que no veamos noticieros para que no nos sintamos inseguros de los crímenes que reporta la prensa. !Es una vergüenza!

En materia de lo que prometía en campaña, lucha frontal contra la corrupción, solo quedó en eso, una campaña para cautivar votantes; basta con ver cómo adjudicó a dedo y de manera impune, más de 20 mil millones de pesos en el fracasado proyecto de salud que montó y desmontó, como si nada, en el elefante de Claudia en Corferias o,  para dar solamente otro ejemplo, hay que ver el convenio, firmado con la Cruz Roja – a propósito, Contraloría y Personería nos están debiendo el ejercicio de control sobre ese negociado – en el que hubo de todo: contratación amañada, sobrecostos y silencio cómplice, hasta ahora, de quienes deben vigilar los recursos de los bogotanos.

En materia económica, Bogotá tiene los porcentajes de desempleo mas altos del país, las quiebras de las empresas y las declaratorias de insolvencia no dan abasto en la capital y para reactivar la economía, Claudia nos vendió, envuelto en un falso y pomposo nombre: Plan Marshall, una reforma tributaria.

La salida fácil para ella y onerosa para los ciudadanos: más impuestos para los bogotanos que llenarán las arcas, ya de por si abundantes, que ejecutará Claudia, porque también tendrá el cupo de endeudamiento más alto de la historia -10 billones de pesos- pero eso sí, se aseguró de que el presupuesto para los órganos de control sea lo suficientemente exiguo como para que la vigilen, pero poquito. Astuta sí es Claudia.

En materia de movilidad, de medio ambiente, de programas sociales, el panorama es el mismo: improvisación, falta de ejecución, ausencia de planeación y mucho, pero mucho humo, alimentado por los presupuestos en publicidad, la misma mermelada que tanto criticaba y aborrecía y que ahora unta a tutiplén.

Pese a lo ocurrido en este 2020 y a que Bogotá está a la deriva, mi compromiso sigue firme con los bogotanos, las luchas justas, así sean solitarias y quijotescas, siempre valdrán la pena porque me comprometí a que lo que es con ustedes es conmigo, aquí  seguiré en el Concejo de Bogotá en el 2021 realizando el Control Político necesario a esta administración, y buscaré que los Concejales de Bogotá abran los ojos y no voten los proyectos que afecten a los bogotanos que son quienes nos eligen para velar por sus intereses.

Me despido deseándoles una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo, que la paz y la protección de Dios acompañen siempre a sus familias.

CODA: Por cuenta de estos días de alegría en familia, paz, reconciliación y descanso luego de un difícil año 2020, los dejaré descansar hasta mediados de Enero, cuando regresará mi columna.

@JcolmenaresE

Publicado: diciembre 13 de 2020