Siempre, en medio de las festividades navideñas, al rezar la novena me llama la atención la frase de la oración al Niño Jesús, para todos los días: “Nuestra pobre humanidad agobiada y doliente”

Así, pareciera que fuera el resumen del presente 2019, un año que termina con más pena que gloria en todos sus frentes. Fue un 2019 agobiado y doliente.

Mientras que en el campo económico el paciente cuasi terminal dejado por el anterior gobierno corrupto y amoral de Juan Manuel Santos comienza a presentar síntomas de mejoras; en el campo social y político no fue el más saludable que digamos.

Pareciera que este campo, el social y el político, se deteriorara a velocidades de crucero gracias al marxismo cultural.

En efecto, fue Antonio Gramci, un marxista italiano (1891 – 1937), a quien se le atribuye la penetración del marxismo cultural en los Estados Unidos como herramienta de lucha para acabar con el capitalismo norteamericano.

De tal forma que por sus frutos los conoceréis.

La guerra del Vietnam no se perdió en Vietnam. De hecho, los Estados Unidos estaban ganando la batalla sobre el terreno a pesar de la feroz guerra de guerrillas de los kermes rojos.

Se perdió, por cuenta de ese movimiento mediático que comenzó en Paris, mayo, de 1968, Paris brule; terminando con el hipismo en la década de 1970 lo que  produjo la posterior renuncia de un gran presidente como lo fue Richard Nixon, quien por lo menos tendría la dignidad de renunciar a su cargo por cuenta del caso conocido como el Watergate (no como Ernesto Samper con su proceso 8.000 junto con sus elefantes de monseñor Rubiano).

Gramci, es considerado como uno de los teóricos más importantes del marxismo. Comentó, a comienzos del siglo XX, que la única manera para derrotar al capitalismo sería por medio de la combinación de las diferentes formas de lucha a través de lo que denominó como el marxismo cultural; penetrando todos los estamentos de la sociedad y del poder con el fin de construir matrices de opinión que produjeran, primero, la confusión y el caos, como lo estamos viviendo en Colombia motivo paro nacional.

De tal forma que hoy vemos cómo esa penetración cultural hace mella en los medios de comunicación. De paso: en su peor momento de ética periodística y de credibilidad ante la opinión.

Al igual que actores, actrices, universidades, públicas y privadas, grupos de promoción política, grupos de choque como los capuchos, fuerzas sindicales; todos ellos sumados a los grupos políticos indultados por el gobierno de JMS quienes quedaron libres e impunes logrando llegar a la cabeza de playa del principal poder político como lo es el Congreso de la República.

Todas estas matrices de opinión, como las llamó Gramci, tienen sumida en una confusión a la humanidad agobiada y doliente colombiana produciendo el estallido del cacerolazo en contra del gobierno de ID durante el paro nacional del 21N, donde casi acaban hasta con el nido de la perra.

Al parecer,  las teorías de Gramci están produciendo sus frutos en una generación que se hace llamar centenians, quienes se revuelcan entre la anarquía de Bakunin y el marxismo cultural de Gramci como su forma de lucha.

Los últimos eventos que se están presentando en las universidades no solamente públicas, privadas, motivo paro nacional 21N, donde se mezclan los capuchos de las universidades públicas con los estudiantes de las universidades privadas es una muestra de ello.

En medio de la fumatón de marihuana, obviamente.

Hablando de, pobre Simón Bolívar en el monumento de los Héroes en Bogotá, lo acontecido durante el 21N no es un ataque espontáneo. Es producto de un ataque especulativo, debidamente planeado, las brisas de Cabello, ante la complicidad y decadencia  de una clase dirigente política y por momentos, privada.

De tal forma que, como resultado final del paro nacional, el famoso comité del paro pasó de 13 puntos iniciales los cuales al parecer eran el principal motivo para salir a las calles, a 104 puntos dentro de los cuales se encuentra una Constituyente.

No ser esto, más bien, una estrategia para debilitar aún más, al gobierno de Duque quien trata de hacer lo imposible para gobernar, pero quien debe cogobernar al encontrarse prisionero del régimen de complicidades, ahora con el comité de paro, quien lo extorsiona a tal punto que si no se aceptan sus reivindicaciones, veremos en enero del 2020, cuando ingresen de nuevo las universidades, el efecto del marxismo cultural en las calles.

Y, tanto va al cántaro al agua, hasta que se rompe.

De tal forma que el 2019 fue definitivamente, un año agobiado y doliente.

Puntilla: y se nos vienen los alcaldes de la izquierda carnívora. Que mi Dios nos ampare.

@RaGomezMar

Publicado: diciembre 23 de 2019