En Colombia – el país del sagrado infarto – neutralizan a las personas de dos maneras, a bala o empapelándolas. Ejemplos de la segunda forma abundan, especialmente en cabeza de los más cercanos colaboradores de Álvaro Uribe Vélez y más específicamente en aquellos que algún día tuvieron la desgracia de ser adversarios políticos de Juan Manuel Santos.

Así vemos que Andres Felipe Arias se encuentra exiliado en Estados Unidos a la espera de una decisión judicial que definirá si será o no extraditado a Colombia para cumplir una sentencia evidentemente injusta. También está el caso de Luis Alfredo Ramos, acusado por testigos falsos comprobados y por último tenemos a Oscar Iván Zuluaga que durante dos años ha combatido acusaciones emanadas dentro de una maraña criminal tejida dentro de la DNI, organismo que responde directamente al ejecutivo.

Esta semana la Fiscalía General de la Nación decidió archivar el proceso en contra de Oscar Iván Zuluaga al no haber podido comprobar que el excandidato haya cometido crimen alguno. Sin embargo, el daño ya está hecho. Zuluaga, que había logrado ganarle a Santos en primera vuelta, fue derrotado en la segunda debido a las gravísimas acusaciones criminales proferidas días antes de la elección. Lo único que se puede concluir es que, si no se hubiese fraguado ese complot en contra de la campaña del Centro Democrático, hoy Zuluaga sería el presidente de Colombia.

Con estos precedentes tan graves es evidente que el camino para recuperar el poder no será fácil ya que se ha demostrado plenamente que, a la hora de lograr sus objetivos, el premio Nobel no conoce límites.

El bien llamado “jugador de póker” ha venido aumentando la apuesta y en este momento todas sus fichas están en la mesa ya que no solo se está jugando el capital político de la Unidad Nacional, sino que se está jugando su legado, es decir la sostenibilidad del acuerdo con las Farc. Si en las anteriores contiendas las fichas eran pocas, no hay límites a lo que pueda hacer ahora que se las está jugando todas.

Para nadie es un secreto que el día que la oposición regrese al poder una de sus primeras misiones será reversar aquellas decisiones tomadas en la mesa de La Habana que contravienen nuestro bloque constitucional. Con un precio tan alto, cualquier cosa puede pasar, inclusive, las Farc han venido hablando de un gobierno de transición para asegurar la plena implementación de los acuerdos. Gobierno transicional que para muchos resulta inconcebible, pero, después de todo lo que ha sucedido, no tomarnos esto en serio sería una verdadera irresponsabilidad.

Lo primero que tenemos que tener claro es que la oposición conformada por el Centro Democrático y algunas facciones del Partido Conservador y posiblemente otras de Cambio Radical tiene la obligación moral de unirse para enfrentar la máquina demoledora que integrarán los partidos de la Unidad Nacional y de las Farc, que, a la fecha no han entregado ni un arma ni la fortuna amasada durante años producto del narcotráfico, el secuestro y la extorsión. Las históricas malas prácticas electorales entrarán en juego en primera vuelta para comprar las conciencias de un pueblo que al momento de la elección se encontrará más empobrecido que nunca después de que el impacto de la recesión y de la reforma tributaria termine de golpear. Seguramente los grupos armados como el Eln ejercerán presión convencidos de que para lograr un acuerdo igual de beneficioso al que obtuvieron las Farc tendrán que negociar con un gobierno afecto a Santos o de las Farc (lo mismo).

Con todo esto en mente, no puedo dejar de recordar lo sucedido en Venezuela. Hay momentos históricos decisivos que en retrospectiva no se entiende como algunos actores pudieron cometer errores tan evidentes. En este caso, la oposición tuvo la oportunidad de enfrentarse unida contra Hugo Chávez, no lo hizo, y ese error lo están pagando millones de venezolanos, algunos inclusive con sus propias vidas. Si hoy se cayera el régimen castro chavista Venezuela se demoraría años si no décadas en recuperar no solo su economía sino la mismísima fibra moral de su pueblo.

Aprovechando el espejo de Venezuela todos tenemos que llegar al convencimiento íntimo de que la división es un lujo que no nos podemos dar. Tenemos que dejar de lado las mezquindades y las mentiras fabricadas para desprestigiar a los candidatos que nos representan. En este momento hay campañas activas para desprestigiar a candidatos de la calidad de Iván Duque Márquez con la finalidad de crear divisiones dentro de la oposición. Si no somos capaces de visionar la finalidad que es la división caeremos en el mismo error en el que cayó Venezuela.

Hago un llamado a la reflexión en este momento crítico en el cual una mala decisión nos puede llevar al desastre, pero la decisión acertada puede salvar a Colombia.

@ANIABELLO_R

Publicado: enero 13 de 2017