Ningún mandatario estaba preparado para la tragedia humanitaria que está causando la pandemia del coronavirus. Los sistemas de salud de los Estados -sin importar si se trata de países desarrollados o no- están perfectamente desbordados. El caso de Nueva York, de lejos una de las ciudades más ricas del mundo es bastante significativo. Con un crecimiento exponencial de personas infectadas y un nivel de fatalidad insospechado, su red hospitalaria está colapsada. El desesperado gobernador del Estado que lleva el mismo nombre, aclama por más médicos, más equipos y más espacios para atender a los centenares de nuevos pacientes que llegan diariamente. 

En Ecuador, específicamente en la ciudad costera de Guayaquil, el panorama es angustiante. Los cadáveres se amontonan en las entradas de las casas. Ni los hospitales ni las morgues tienen capacidad para recibir pacientes ni los restos de aquellos que fallecen. 

En España, donde desde siempre se ha alabado su sistema de salud, sucede algo similar. No hay camas, ni ventiladores para salvar a de miles de personas -de todas las edades- que han sucumbido ante el implacable virus que ha puesto en jaque a la humanidad entera. 

De acuerdo con la información oficial, el primer caso de coronavirus en nuestro país, fue detectado el 3 de marzo pasado. Desde el mismo instante en que el ministerio de Salud tuvo la confirmación, el presidente de la República, Iván Duque, puso en macha un ambicioso y prudente plan de contingencia que fue implementándose de manera gradual, de acuerdo con la evolución de la epidemia. 

No dudó un instante en decretar el estado de emergencia que contempla la Constitución, para efectos de dotar al gobierno de las facultades necesarias para hacerle frente a la grave, gravísima situación. 

En los tiempos críticos es cuando se conoce la catadura de los líderes. Mientras la alcaldesa de Bogotá, Claudia Nayibe López se ha dedicado a mojar prensa, alimentando controversias inanes y Gustavo Petro desinforma, miente y siembra terror a través de las redes sociales, el presidente Duque y su equipo de ministros han hecho una tarea ejemplar en la atención de este trance doloroso que ha dejado a miles de colombianos sin trabajo y al país entero atendiendo una cuarentena cuyo propósito es el de frenar la expansión de la pandemia. 

Con disciplina, rigor y transparencia absoluta, el presidente y sus ministros han explicado detalladamente todas y cada una de las determinaciones que ha adoptado el gobierno, los planes que se han puesto en marcha y los objetivos que se buscan durante el tiempo que dure la crisis. 

En el informe diario que hace el gobierno de la evolución de la pandemia, el lunes pasado el presidente Duque anunció que es necesario ampliar por dos semanas más la cuarentena nacional obligatoria, para efectos de que el sistema nacional de salud se prepare para atender al creciente número de pacientes con coronavirus. 

El mandatario aseguró que para su gobierno es más importante garantizar la salud de los colombianos, sobre cualquier otra consideración.

La decisión, que previamente fue solicitada por expertos epidemiólogos que consideran que es necesario ampliar el confinamiento, tiene consecuencias de orden económico. Los empresarios, con mucha dificultad han podido soportar hasta ahora y muchos esperaban que el próximo 13 de abril se reactivara paulatinamente el aparato productivo. 

A la tragedia de la pandemia, no se le puede sumar un cataclismo causado por el desempleo que se puede generar por el cierre de aquellas empresas que no puedan soportar la medida anunciada por el presidente. 

Así mismo, está la dificultad de los millones de colombianos que viven en la informalidad y que, desde que estalló la crisis, se han visto forzados a suspender sus actividades económicas.

La posición del presidente Duque, en el sentido de enfocarse primordialmente en proteger la salud y la vida de los ciudadanos, es absolutamente legítima. Pero el costo de oportunidad que implica la cuarentena ampliada, es demasiado alto. ¿Las empresas que generan el grueso de los empleos de nuestro país, podrán aguantar hasta finales de mes, pagando impuestos y salarios, sin un centavo de ingresos? 

En los Estados Unidos, país con una economía robusta, miles de empresas han anunciado que no sobrevivirán al COVID-19. A finales de la semana pasada, más de 6.6 millones de estadounidenses habían aplicado para beneficios de desempleo, la cifra más alta de la historia de ese país. 

Nuestro aparato productivo no tiene la misma capacidad que el norteamericano. Muchos empresarios colombianos, que antes de la epidemia ya estaban asfixiados con las elevadas tasas impositiva, difícilmente “sobrevivirán” a esta terrible crisis, con las consecuencias nefandas que aquello le acarreará a nuestra economía. 

No hay solución perfecta para esta situación. Colombia, como todos los demás países del planeta, entrará en una profunda depresión social y económica. Además de las vidas que cobrará la pandemia, están los estragos económicos. 

@IrreverentesCol

Publicado: abril 8 de 2020