La desvinculación de todos los menores debió ser requisito sine qua non para sentarse a conversar. La lucha no cesará.

Nos enteramos en las últimas horas que la banda terrorista de las Farc desincorporó a 13 niños que tenía en su poder, hecho que debe alegrar al país. Ahora que se habla de “Estados inviables”, valga recordar que las Naciones Unidas ha dicho, a través de distintas resoluciones, que aquellos países que no protegen a sus menores y que permiten que estos sean reclutados forzosamente se constituyen, precisamente, en “Estados Inviables”.

La mayor parte de la responsabilidad por el reclutamiento de niños, recae, como es de suponer, en la estructura armada ilegal que comete el delito. En este caso particular, las Farc son responsables del reclutamiento de más de 3 mil niños, según estimaciones de entes especializados.

Pero igualmente, existe un grado de corresponsabilidad por parte del gobierno de Juan Manuel Santos que a lo largo de estos años en los que estuvo dialogando con las Farc en La Habana, no exigió la desvinculación inmediata, incondicional y total de los menores que estaban en los campamentos del terrorismo.

El reclutamiento forzado de menores es la más aberrante manifestación contemporánea de esclavitud. Desde que empezó el movimiento abolicionista a comienzos del siglo XIX, se hizo especial énfasis en la protección de los derechos de los niños. Desde entonces, el multilateralismo se ha concentrado en la prevención y, con el surgimiento de la corte penal internacional como consecuencia de la suscripción del estatuto de Roma, en el castigo efectivo de quienes incurren en ese delito, considerado como un crimen de lesa humanidad.

En el marco de los derechos humanos, la protección contra la esclavitud, en cualquiera de sus manifestaciones, es una obligación erga omnes, lo cual cierra la puerta para un tratamiento diferenciado. No se trata entonces de que las Farc devuelvan a los niños que quieran y cuando quieran, ni mucho menos que el gobierno, responsable del Estado, se cruce de brazos, a la espera de “gestos de buena voluntad”.

La desvinculación de todos los menores debió ser requisito sine qua non para sentarse a conversar. Sin liberación de menores no podía haberse iniciado el proceso de La Habana.

Sergio Jaramillo, alto comisionado para la paz, volteó la mirada frente a la tragedia de los menores en poder de las Farc. No quiso exigir su libertad, escudándose tras el argumento peregrino de que “se estaba negociando en medio de las hostilidades”.

La posición oficial del gobierno, enarbolada por el doctor Jaramillo, se convirtió en patente de corso para que las Farc no solo no desvincularan a los menores, sino que continuaran reclutando, como en efecto hicieron, en distintos puntos de la geografía nacional.

Desde el Centro Democrático, hemos demandado el regreso de los niños reclutados y no podemos soslayar la alegría que nos produce la liberación de los 13 que fueron liberados recientemente.

Pero la lucha no cesará. Es menester de todos los colombianos unir sus voces al clamor de libertad. Los menores deben ser devueltos en su totalidad. Las Farc, con el aplauso de Santos, no pueden seguir liberando, gota a gota, a los niños que un día fueron sacados violentamente de sus hogares para ser convertidos en generadores de violencia contra su voluntad.

@MargaritaRepo

Publicado: abril 29 de 2017