En las elecciones del próximo 11 de marzo, se definirá el rumbo definitivo de nuestro país. De acuerdo con la integración del congreso que empezará a ejercer el 20 de julio, sabremos si habrá las mayorías con las que el gobierno de la coalición del NO pueda desmontar los efectos nefastos del acuerdo entre Juan Manuel Santos y la banda terrorista de las Farc.

Con el voto, los colombianos podemos cambiar el triste destino de nuestro país. En estos 8 años, la democracia fue servida en bandeja de plata para que los peores criminales se valieran de ella. No es aceptable desde ningún punto de vista que los autores de crímenes de lesa humanidad puedan acceder al Congreso y puedan aspirar a la presidencia, sin haber pagado ni un minuto de cárcel.

La presencia de sujetos de la catadura de alias Iván Márquez, Carlos Antonio Lozada y Sántrich en el parlamento colombiano, es una de las más viles agresiones que pueda soportar nuestra sociedad, esa misma a la que aquellos sujetos atacaron con sus fusiles y sus bombas.

Y esas personas ostentarán la credencial de congresista, como consecuencia de la decisión absurda, imprudente, impolítica y agresiva de Juan Manuel Santos.

En 2010, las Farc estaban reducidas a su mínima expresión. Los integrantes aquella guerrilla se encontraban escondidos en la profundidad de la manigua colombiana y sus principales cabecillas, refugiados en Venezuela y Ecuador, bajo el amparo de Hugo Chávez y Rafael Correa.

Las Farc habían perdido toda su capacidad terrorista. Estaba convertida en una estructura íntegramente dedicada al tráfico de estupefacientes y a realizar labores sicariales. Atrás habían quedado los tiempos en los que esos criminales podían tomar poblaciones, realizar secuestros masivos, paralizar carreteras y demás actos con los que lograban aterrorizar al pueblo colombiano.

Insospechadamente, Santos, que ganó las elecciones engañando a un electorado al que le hizo creer que continuaría transitando por el camino de la Seguridad Democrática, desde que asumió el poder, empezó a conducir a Colombia hacia la ruta del castrochavismo. Legalizó a los terroristas, los eximió de la extradición y los convirtió en actores de la democracia.

Además de mentirle a los ciudadanos, cometió un fraude monumental en 2014, al financiar su campaña con el dinero corrupto de Odebrecht. Dos años después, en el plebiscito, desconoció abusivamente el veredicto popular y se robó el resultado obtenido por el NO.

Todo ello, permite plantear que las elecciones del 11 de marzo, sean asumidas como un plebiscito en contra de Juan Manuel Santos. Esas mayorías que se hicieron sentir durante la jornada plebiscitaria, deben movilizarse para votar masivamente a favor de los candidatos que lideraron el NO. Así mismo, participar en la consulta para elegir al candidato de la coalición.

A Santos, debe quedarle muy claro el mensaje de que sus reiterados ataques a la democracia no han quedado impunes y que el pueblo, una vez más le va a decir que NO. La mejor forma de hacerlo es configurando un nuevo congreso en el que las mayorías estén en manos del Centro Democrático y eligiendo con un respaldo claro al candidato presidencial de la coalición.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 28 de 2018